“Esas cárceles se van a construir para que aquellos que tanto daño le han hecho a la República paguen con creces el dolor que le han generado al pueblo colombiano”, aseguró.
El presidente Abelardo de la Espriella volvió a poner sobre la mesa una de sus principales apuestas en materia de seguridad: la construcción de 10 megacárceles de máxima seguridad para recluir y aislar a los delincuentes y terroristas considerados más peligrosos de Colombia. El mandatario aseguró que estas obras serán una respuesta al problema que, según su diagnóstico, existe actualmente en varios centros penitenciarios del país.
De la Espriella sostuvo que las cárceles no pueden continuar funcionando como centros desde los cuales las estructuras criminales mantienen operaciones en las calles. Según el presidente, desde algunos establecimientos se estarían coordinando extorsiones, amenazas, asesinatos y otras acciones delictivas, razón por la cual considera necesario crear instalaciones con mayores niveles de seguridad y control.
“Mantengo intacto mi compromiso de construir megacárceles de máxima seguridad para recluir a los terroristas más peligrosos del país”, afirmó el jefe de Estado, al reiterar que el proyecto hace parte de su estrategia para enfrentar a las organizaciones criminales. La propuesta contempla que las nuevas prisiones sean construidas con participación de la empresa privada, una fórmula con la que el Gobierno busca avanzar en las obras y ampliar la capacidad penitenciaria.
El presidente planteó además que estas megacárceles tendrán la función de evitar que los internos de mayor peligrosidad continúen teniendo capacidad de mando desde las prisiones. Su intención es que quienes sean enviados a estos establecimientos queden sometidos a condiciones de máxima vigilancia y aislamiento, reduciendo las posibilidades de comunicación y coordinación con estructuras criminales que operan fuera de los centros penitenciarios.
Mientras se ponen en marcha las nuevas construcciones, el Gobierno anunció que reforzará la seguridad de las cárceles existentes y ordenó al INPEC recuperar el control de los establecimientos penitenciarios. De la Espriella cuestionó lo que calificó como descontrol, corrupción y complacencia dentro del sistema carcelario y advirtió que los responsables de garantizar la seguridad tendrán que entregar resultados.
Con esta apuesta, el Gobierno busca convertir las megacárceles de máxima seguridad en una pieza clave de su política contra el crimen organizado, aunque el proyecto deberá enfrentar retos de financiación, construcción, operación y control penitenciario.




