El sujeto sería una de las manos derecha de alias Niño Guerrero, quien, según el presidente estadounidense Donald Trump, fue abatido en un bombardeo en junio de 2026.
En la localidad de Fontibón, en Bogotá, allí fue ubicado y capturado por la Policía Nacional de Colombia Luis Saúl Pérez Nieto, alias Páez o Nairobi, señalado como máximo cabecilla de la organización criminal transnacional Tren de Aragua en el vecino país de Perú.
El presidente Abelardo de la Espriella fue el encargado de anunciar la noticia, señalando a Nairobi como hombre de confianza de alias Niño Guerrero, máximo cabecilla de la organización criminal y quien fue abatido en Venezuela en junio pasado en medio de un bombardeo ejecutado por las fuerzas estadounidenses, bajo el mando de Donald Trump.
“Alias Nairobi estaría encargado de articular extorsiones, tráfico internacional de armas, homicidios selectivos y narcotráfico en corredores estratégicos de Sur y Centroamérica. Además, era requerido por autoridades estadounidenses por estos delitos”, indicó el mandatario colombiano.
La operación en la que fue capturado el peligroso criminal fue ejecutada por el Comando de Operaciones Especiales (COPES) de la Policía de Colombia tras labores de seguimiento e inteligencia.
“El mensaje para el crimen transnacional es claro: Colombia no será refugio ni santuario de ningún criminal. Los vamos a perseguir, capturar y poner a disposición de la justicia, vengan de donde vengan”, dijo De la Espriella. Alias Nairobi fue dejado a disposición de la autoridad judicial competente, mientras se surten los trámites para que sea extraditado a Estados Unidos.

Alias Niño Guerrero, el encargado de expandir el terror del Tren de Aragua a Latinoamérica
Héctor Rusthenford Guerrero Flores, conocido en el mundo criminal como Niño Guerrero, fue identificado durante años como el principal jefe del Tren de Aragua, una organización delictiva que surgió en Venezuela y posteriormente consiguió presencia en distintos países de América Latina. Su nombre terminó relacionado con una estructura a la que las autoridades atribuyen delitos como extorsiones, asesinatos, narcotráfico, secuestros y tráfico de personas.
Paradójicamente, el lugar desde donde comenzó a ganar mayor poder fue una prisión. Guerrero llegó a la cárcel de Tocorón, en el estado Aragua, luego de ser detenido por varios delitos. Lo que parecía el inicio de una condena terminó convirtiéndose en el escenario desde el cual fortaleció su autoridad dentro de la organización criminal y construyó una red que iba mucho más allá de los muros del penal.
Tocorón terminó siendo una pieza fundamental en la historia del Tren de Aragua. Desde allí, Guerrero habría mantenido el control de buena parte de las actividades de la banda y consolidado alianzas y estructuras que posteriormente se extendieron por fuera de Venezuela. Con el crecimiento de la migración venezolana hacia otros países, también comenzaron a aparecer células relacionadas con la organización en diferentes territorios de la región.
La trayectoria de Guerrero estuvo marcada, además, por sus constantes intentos de escapar del control de las autoridades. En 2012 consiguió salir de prisión, aunque posteriormente fue localizado y recapturado. Años después protagonizó una segunda fuga que tendría mayores consecuencias: en septiembre de 2023 abandonó Tocorón antes o durante la intervención realizada por las autoridades venezolanas en ese centro penitenciario y desde entonces permaneció en la clandestinidad.
A partir de ese momento, su nombre pasó a ocupar un lugar destacado en las listas de los delincuentes más buscados. Mientras permanecía prófugo, las autoridades de varios países continuaron investigando las operaciones y ramificaciones del Tren de Aragua, una organización que ya había dejado de ser un fenómeno exclusivamente venezolano y contaba con presencia de sus integrantes o estructuras asociadas en diferentes naciones.
El final de Guerrero se conoció en junio de 2026, cuando autoridades de Estados Unidos y Venezuela reportaron que había sido abatido durante un operativo en territorio venezolano. Su muerte representó la caída de la figura que durante años estuvo en la cima del Tren de Aragua, pero también dejó sobre la mesa una realidad: la organización había crecido hasta convertirse en una red criminal con capacidad de operar más allá de las fronteras de Venezuela.




