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Manu Gutiérrez, Mundial 2026
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“Cuando Dios no quita el aguijón”: Desde el alma, un espacio donde la razón y la emoción conversan con honestidad

“Cuando Dios escribe una historia, la última palabra nunca la tiene la debilidad, la tiene su gracia y esa es suficiente”.

En un Mundial donde millones corrían detrás de un balón, el mensaje que más me conmovió no vino de un gol, sino de un hombre que, desde una silla de ruedas, nos hizo avanzar a todos.

Mientras el mundo celebraba goles y clasificaciones, yo no podía dejar de mirar a Manu Gutiérrez, un joven periodista que cubría el escenario más grande del fútbol. Muchos vieron una historia de superación. Yo vi un sermón sin púlpito. Un recordatorio de que Dios sigue escribiendo sus páginas más hermosas con aquello que el mundo llama debilidad.

Manu nació con una condición que afectó su movilidad. El fútbol que soñó jugar terminó contándolo. Hubo puertas que se cerraron. Algunos vieron primero su silla y después su talento. Pero cuando los hombres cerraron puertas, Dios comenzó a abrir escenarios. Manu dejó de esperar oportunidades, creó su propio medio, perseveró y terminó entrevistando a las figuras más grandes del Mundial.

Y fue imposible no pensar en otro hombre que también vivió con un aguijón: el apóstol Pablo. La Biblia nunca nos dice exactamente cuál era ese aguijón. Solo sabemos que era una debilidad constante. Tres veces le pidió al Señor que se la quitara. Pero Dios respondió algo que cambió para siempre nuestra manera de entender el sufrimiento:

“Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad”.

Quizá el mayor milagro no es que Dios quite el aguijón. Quizá el mayor milagro es descubrir que nunca necesitó quitarlo para cumplir su propósito.

Yo también tengo mis aguijones. También he orado para que Dios cambie circunstancias que me duelen. Pero con los años he descubierto que las páginas más profundas que Él ha escrito en mi vida no nacieron de mis fortalezas, sino de mis debilidades.

Por eso hoy quiero darle las gracias a Manu Gutiérrez. Gracias por recordarnos que Dios sigue haciendo lo mismo que hizo con Pablo: convertir debilidades en testimonios, heridas en plataformas y limitaciones en instrumentos de su gloria.

Mientras millones corrían detrás de un balón, Dios permitió que uno de los testimonios más grandes del Mundial llegara desde una silla de ruedas. Porque cuando Él escribe una historia, la última palabra nunca la tiene la debilidad. La última palabra siempre la tiene su gracia, y esa gracia sigue siendo suficiente.

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