A través del portavoz del primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, conminaron también a la FIFA a que abra una rápida investigación y tome medidas por lo que consideran una provocación.
Por: Iván Peña Ropaín.
Hay derrotas en el fútbol que duelen en lo más profundo de las entrañas, así como otras que humillan, cercenan los sueños de gloria, parten el corazón en mil pedazos o conllevan a que el derrotado explote de rabia ante la caída. Y eso es lo que viven en estos momentos millones de ingleses tras la eliminación del Mundial 2026 a manos de Argentina, en semifinales y con un tema flotando en la atmósfera alrededor de ese cotejo: la Guerra de Las Malvinas, conflicto que fue ganado por los europeos.
Muestra de que esa calentura sigue intacta también por parte de los habitantes de ese país del Viejo Continente, pese a que se cansan de decir que eso ya hace parte del pasado y no debe mezclarse con el deporte, fue la respuesta que en las últimas horas dio el portavoz del primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, a la bandera expuesta por los argentinos durante el festejo tras avanzar a la final y en la que se leía: “Las Malvinas son argentinas”.
A ese funcionario, desde la emblemática calle londinense Downing Street, la cual alberga las residencias oficiales del primer ministro y del canciller de Hacienda del Reino Unido, se le escuchó expresar en tono acre: “Puede que el Mundial no sea nuestro, pero las Malvinas, definitivamente, lo son”.

Acto seguido, el portavoz agregó en tono desafiante: “Nuestra posición no ha cambiado. La autodeterminación corresponde a los habitantes de las islas”, indicando ahí mismo que el compromiso del Reino Unido con los habitantes del archipiélago “nunca flaqueará”.
Medios presentes en el emblemático lugar también consultaron al portavoz sobre si iban a solicitar a la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) algún pronunciamiento por lo que consideran una evidente provocación de los jugadores argentinos, precisando que la postura del Reino Unido va acompañada de la petición de una investigación.
Muchos internautas en redes le replicaron al funcionario británico que su posición política no es más que una muestra de la “ardición” por haber quedado a las puertas de una final por culpa de un rival al que históricamente han querido vencer por razones que van mucho más allá del fútbol y con el que las selecciones de Argentina e Inglaterra nunca juegan un simple partido.
Esa calentura nació cuatro años después de darse esa guerra no declarada por Las Malvinas, para el Mundial México 1986, cuando Diego Armando Maradona encendió el tema en la previa, durante y después del partido que ganó la Albiceleste con los goles de “La mano de Dios” y “El gol del Siglo”, facturados por el Pelusa.
No obstante, mientras abogados, dirigentes y funcionarios discuten reglamentos, los muchachos de la Selección Argentina siguen enfocados en lo que realmente les interesa: conquistar el bicampeonato frente a la Selección España este domingo, desde las 2:00 p. m., en el MetLife Stadium de Nueva York, Estados Unidos.




