El símbolo de la fresa es utilizado por una banda criminal autodenominada Nueva Generación del Freseo y bandas rivales ven esto como un símbolo de identidad.
Lo que para muchos es un simple emoji, para los investigadores podría haberse convertido en el detonante de una tragedia. La publicación del emoji de una “fresita” en un estado de redes sociales sería una de las principales líneas de investigación del asesinato de Wilfrido Santiago Montiel Sangroni, un adolescente de 16 años que fue atacado a bala en el barrio Villa Selene, del municipio de Soledad.
El crimen ocurrió hacia la 1:00 de la tarde del lunes 6 de julio, cuando el menor fue sorprendido por hombres armados que le dispararon en repetidas ocasiones. Aunque fue auxiliado, las heridas acabaron con su vida, dejando consternados a familiares, amigos y vecinos que lo describen como un joven trabajador y alejado de los problemas.
Santiago cursaba octavo grado y, además de estudiar, buscaba ayudar económicamente a su familia. Lavaba motocicletas, organizaba rifas y los fines de semana compartía con sus amigos bailando en un pickup conocido como “El Fresco”, al que, según allegados, incluso le habían cambiado el nombre por las constantes bromas relacionadas con ese grupo.
De acuerdo con versiones conocidas por las autoridades y personas cercanas a la víctima, el homicidio habría ocurrido después de que el adolescente publicara una “fresita” en un estado de redes sociales. Lo que para él y su entorno parecía una simple publicación, habría sido interpretado de otra manera por estructuras delincuenciales que operan en la zona.

Una de las hipótesis apunta a que el emoji fue asociado con la Nueva Generación del Freseo, organización criminal a la que se le atribuye el uso de la fresa como uno de sus símbolos de identificación. No obstante, esta es una línea de investigación y aún no ha sido confirmada oficialmente por las autoridades.
“El muchacho era sano, trabajador. Estudiaba, lavaba motos, hacía rifas para ayudarle a su mamá. Lo mataron por publicar un video donde salía una fresita”, relató un conocido de la víctima, reflejando el desconcierto que reina entre quienes compartían con el adolescente y aún no entienden cómo una publicación en redes pudo terminar en un desenlace fatal.
Mientras la Policía Judicial avanza en la recolección de pruebas para establecer el móvil del crimen e identificar a los responsables, el caso vuelve a poner sobre la mesa la influencia que ejercen los grupos delincuenciales sobre los códigos, símbolos y publicaciones en redes sociales.




