En Barranquilla no sería una mala idea que esa medida se implemente, con el objetivo de proteger a los menores de las innecesarias presiones y frustraciones de los adultos, garantizándoles un entorno deportivo sano y recreativo.
Por: Iván Peña Ropaín.
El mal ejemplo que dieron varios padres de familia el fin de semana pasado en el partido de fútbol que sostenían los niños de las escuelas Toto Rubio y La Jaula, en el torneo Viera Cup 2026, que aprovechando la semana de vacación escolar se realiza en las canchas del Colegio Marymount, ubicado en el sector de Sabanilla, en el norte del departamento del Atlántico, ha generado en el entorno de las redes sociales de Barranquilla cuantiosas reacciones. En varias opiniones se vitupera a aquellos, tanto papás como mamás, que se convierten en un diccionario de insultos y que se vuelven hasta fastidiosos por el bullicio que generan en medio de los partidos que sostienen sus hijos pequeños, alejándose de lo que realmente debe ser: apoyarlos.
Sin saberse aún cuál fue el detonante de la gresca que protagonizaron varios adultos en medio de dicho compromiso futbolístico de la categoría infantil, pues ambos bandos se señalan entre sí como responsables, lo cierto es que este ¡pésimo ejemplo que se les está dando a los menores de edad!, algo que también se ve en otras canchas de fútbol de la ciudad, debería abrir el debate sobre imponerles severas sanciones a esos padres revoltosos, quienes, generalmente, quieren lograr sus sueños por medio de sus hijos, muchas veces presionándolos, no dejándolos que se diviertan y hasta provocando situaciones hostiles cuando no les parece una decisión arbitral o no saben perder.
A esta problemática podría ponérsele su “tatequieto” de una vez por todas si el principal ente encargado en el departamento de los campeonatos de fútbol, así como aquellos comités que efectúan torneos independientes, especialmente los que cobijan categorías de menores o infantiles, entran a analizar la posibilidad de implementar una gran medida puesta en marcha por la Federación Rumana de Fútbol (FRF).
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El principal ente futbolero de ese país europeo aprobó, semanas atrás, una medida histórica al implementar la tarjeta negra en sus categorías base. A diferencia de las cartulinas tradicionales (roja y amarilla), esta no se utiliza para sancionar a los futbolistas ni a otro actor dentro del terreno de juego, como técnicos u otros miembros del cuerpo técnico, sino para frenar los insultos, amenazas y conductas violentas de los padres y espectadores en las tribunas.
Esta fenomenal iniciativa forma parte del programa nacional denominado B.R.A.V.O., cuyo objetivo es proteger a los menores (categorías entre la sub-7 y sub-16) de las presiones y frustraciones de los adultos, garantizando un entorno deportivo sano, de recreación y de construcción de valores y principios.
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De acuerdo con lo informado al respecto por la FRF, esta tarjeta negra no se muestra de forma inmediata; el árbitro debe seguir un procedimiento estricto ante un comportamiento abusivo en las gradas:
- Fase 1 (advertencia): El árbitro detiene temporalmente el juego. Se solicita a los entrenadores que intervengan para calmar a sus respectivas aficiones o se realiza un aviso por megafonía.
- Fase 2 (suspensión temporal): Si la agresión verbal o física persiste, el partido se suspende durante 10 minutos. Ambos equipos deben retirarse a los vestuarios.
- Fase 3 (tarjeta negra): Si, tras reanudar el encuentro, continúan los incidentes, el colegiado muestra la tarjeta negra, lo que significa la suspensión definitiva y permanente del partido.
Esta medida punitiva busca sentar un precedente en Europa sobre la tolerancia cero ante la violencia en el deporte infantil, causada por los propios padres de familia que, como se escucha en el argot criollo: “Se empeliculan tanto que parecen ellos los jugadores y no sus hijos”.




