Ante los varios casos de padres de familia cuya pasión por apoyar a sus hijos termina convirtiéndose en una “violenta locura”, aquellos que sí son cautos coinciden en que se instauren reglas para evitar las bochornosas escenas de pelas.
Por: Iván Peña Ropaín.
El interrogante del titular de esta noticia es el que vuelven a traer a colación muchas personas en Barranquilla, luego de que se reportara otra vez un repudiable hecho de alteración del orden público en un escenario en el que la práctica del fútbol, el sano esparcimiento y la promoción de los valores y principios en los niños terminan viéndose afectados por el mal ejemplo de los padres de familia, quienes, con un reclamo, terminan armando tremendas peloteras.
Y ese caso reciente fue el acaecido el fin de semana pasado en una de las canchas de fútbol del Colegio Marymount, ubicado en el sector de Sabanilla, en el norte del departamento del Atlántico, donde se reúnen varias escuelas de fútbol para disputar la Viera Cup 2026, torneo que, más que todo, tiene como fin que los menores de edad sigan construyendo sus sueños de ser futbolistas.
En el partido que sostenían los equipos Toto Rubio y La Jaula, no teniéndose claro aún el detonante, padres de familia y allegados de los jugadores de ambas escuadras armaron una patulea en el campo de juego, viéndose, de lado y lado, puños, patadas, empujones, insultos y mucha intolerancia, lo que, sin duda, fue un mal ejemplo para los pequeños.
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Pero esas lamentables escenas protagonizadas por quienes deben dar ejemplo a sus hijos también se ven en las diversas canchas de fútbol de la ciudad, donde la adrenalina, el apasionamiento y el creerse que son ellos los que están en la cancha actuando, y no sus hijos, lleva a que muchos progenitores insulten al árbitro, a los técnicos rivales, a los familiares e hinchas contrarios y hasta, lo que es peor y más triste, a los pequeños del otro equipo.
Generalmente, cuando se ven ese tipo de escenas reprochables, sea durante el partido por alguna jugada dudosa, un gol que no consideran válido o que fue mal anulado, o al final del cotejo, al ver una derrota que no les parece, las rabietas de los padres de familia terminan enrareciendo el ambiente en el campo de juego. Ello ya ha propiciado, sigue propiciando y, al parecer, lo seguirá haciendo, que el terreno de juego se convierta en campo de batalla, como acaba de suceder en la Viera Cup.
Algunos padres de familia que sí son sensatos y conscientes, y que ven las cosas de otra manera, a quienes no les caen bien las desbordadas “loqueras” de otros papás y mamás, a los que se les ve durante todo el partido cansoneando y armando un bullicio en la cancha, no para apoyar, sino para insultar al árbitro o al adversario, manifiestan que debería haber una regla para que, por lo menos en los partidos de las categorías menores, se les ponga su tatequieto a estos revoltosos.





