El histórico exdelantero fue presentado oficialmente en la Selección Uruguay y tendrá la misión de devolverle a la Celeste el protagonismo que su rica historia le exige.
Por: Iván Peña Ropaín.
Hay nombres que no necesitan presentación en el mundo del fútbol y basta con pronunciarlo, o simplemente su apellido, para que la memoria de futboleros viaje a goles inolvidables, remates de larga distancia y una melena rubia que hizo sufrir a más de una defensa. Uno de ellos es Diego Forlán, quien este jueves fue presentado oficialmente como nuevo seleccionador de Uruguay, en reemplazo del argentino Marcelo Bielsa, cuya etapa terminó marcada por el fracaso de la Celeste en la reciente Copa del Mundo.
El máximo goleador de Uruguay en la historia de las Copas del Mundo de mayores y Balón de Oro del Mundial de Sudáfrica 2010 regresa a la casa donde escribió algunas de las páginas más gloriosas de su carrera y del balompié de su país. Solo que, esta vez, cambiará los guayos por la libreta táctica, con la misión de devolverle a la Celeste el protagonismo que perdió no solo en la reciente cita orbital, sino el que luce ausente desde décadas atrás.
Con esta movida, la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) le apuesta al liderazgo, la experiencia y al peso específico de un hombre que conoce como pocos lo que significa vestir la camiseta ‘celeste’. Porque una cosa es hablar de identidad y otra, muy distinta, es haberla defendido durante años dentro de la cancha, cargando sobre sus hombros la ilusión de todo un país. Ahora, Forlán tendrá el desafío de transmitir esa misma mística desde la zona técnica.
Lo que se le avecina no será sencillo. Uruguay viene de alternar buenas y malas presentaciones, mientras la afición exige que una generación llena de talento dé el salto definitivo para volver a pelear de tú a tú con las grandes potencias del continente y del mundo.
Forlán, de 47 años, llega con el enorme respaldo que le dieron sus hazañas como futbolista, aunque el fútbol suele ser implacable: los goles del pasado no garantizan los triunfos del presente. Ahora deberá demostrar que la visión que tenía dentro del campo también puede trasladarla al banco técnico.
En Montevideo hay ilusión, y no es para menos. Cuando un ídolo vuelve a casa, siempre renace la esperanza de que los viejos tiempos gloriosos puedan repetirse. La pelota, como siempre, tendrá la última palabra.




