Manuel Calixto de Ávila llora la muerte de Jesús Manuel, de 33 años. Asegura que su hijo “era como un niño” que solo buscaba bailar y sacarle sonrisas al barrio. El progenitor pide justicia tras un ataque que tildan de cobarde y vil.
El llanto inconsolable de Manuel Calixto de Ávila Bermúdez retumba en las calles del barrio El Bosque. No solo por la pérdida de su hijo, Jesús Manuel de Ávila, de 33 años, sino por la injusticia y la crueldad con la que apagaron su vida hacia las 11:20 de la noche del sábado 25 de julio en la calle 74 con carrera 7, en el suroccidente de Barranquilla.
Jesús Manuel, a quien en el barrio todos conocían cariñosamente por sus ocurrencias, tenía una condición de discapacidad mental y de habla desde niño. No sabía de odios, ni de disputas, ni de la violencia que azota a la ciudad.
“La verdad es que es una cosa muy dolorosa. Un pelao que lo que le gustaba era bailar, tomarse su traguito de vez en cuando. Él no le hacía nada a nadie, no era delincuente ni nunca me llegó con cosas ajenas“, relató su padre entre lágrimas, con la voz quebrada por el dolor.
Su padre explicó que desde muy pequeño, notó que Jesús Manuel tenía limitaciones para expresarse y comprender la malicia del mundo exterior. Sin embargo, su carisma lo convirtió en un personaje entrañable del sector. Frecuentemente compartía con los vecinos y hasta jugaba con los policías del cuadrante, quienes le prestaban el radio para molestarlo y sacarle una sonrisa.
“Dios me había dado un hijo así, ‘loquito’, pero yo lo aceptaba. Él era una payasada, le gustaba estar donde estaban reunidos compartiendo un trago, nada más. Ese era el único andar de él”, recordó Manuel Calixto, asegurando que jamás imaginó que en el propio barrio donde creció le harían “semejante maldad”.

“Él no corrió porque no tenía malicia”
La reconstrucción que hace la familia sobre los últimos minutos de vida de Jesús Manuel refleja la frialdad del ataque y la absoluta indefensión en la que se encontraba. Según versiones de la zona, varios jóvenes que estaban cerca notaron la llegada de los agresores y reaccionaron buscando refugio dentro de las viviendas.
Sin embargo, Jesús Manuel, al no percibir el peligro ni entender lo que sucedía, se quedó inmóvil en el lugar. Incluso se habla de que alcanzó a saludar a sus agresores antes de recibir los disparos.
“Los demás huyeron, ingresaron a sus casas, se apartaron, y él, inocentemente, como no tenía esa malicia, se quedó quieto ahí. No desconfió de nada, llegaron y le hicieron el daño”, lamentó el progenitor.

La impotencia de la familia se profundiza al encontrarse con el temor de la comunidad. A pesar de ser una calle concurrida y llena de conocidos, el miedo a las represalias provocó que las puertas se cerraran inmediatamente tras las anotaciones de las autoridades.
Unidades de la Policía Metropolitana de Barranquilla adelantaron las labores de inspección e investigación para dar con los responsables de este crimen que deja a una familia destrozada y a un barrio indignado por el cobarde asesinato de un hombre cuya única falta fue ser indefenso, según lo que asegura su padre.
Informe: Alexander Ojito – El Ojo de la Calle
Redacción: Luis Ángel Terán




