Las imágenes que captura Fareed Kotb, tanto de las acciones de juego en el campo como de otros aspectos que deja el entorno de esta Copa Mundo, tardan hasta cinco días en revelarse, en una época en la que una foto le da la vuelta al mundo en segundos.
Por: Iván Peña Ropaín.
El Mundial Estados Unidos, Canadá y México 2026 hace parte de la gama de los mundiales de las últimas décadas, aunque este con una modernidad aún mayor, en el que la tecnología domina cada rincón del espectáculo futbolero, desde el fuera de lugar milimétrico hasta las transmisiones en ultra alta definición por las pantallas de televisión y las postales que quedan grabadas en los portales noticiosos. No obstante, un hombre decidió viajar en dirección contraria al tiempo avanzado en el que se vive.
Se trata del fotógrafo Fareed Kotb, quien, a diferencia de colegas que les ofrecen a millones de aficionados fotografías instantáneas y con resoluciones de punta, se encarga de recorrer los estadios del Mundial 2026 con una cámara fabricada en 1930, el mismo año en que se disputó la primera edición de la historia de este certamen FIFA, celebrada en Uruguay.
Verlo en las zonas designadas para que los fotógrafos capten los retratos digitales, pero usando la vetusta cámara, ha llamado la atención de aficionados, periodistas y protagonistas del torneo, no solo por la antigüedad del equipo fotográfico, sino por la paciencia que exige el proceso para obtener el producto final. Cada imagen obtenida durante la cita planetaria norteamericana debe ser revelada manualmente y el resultado final tarda entre cuatro y cinco días en estar listo.
En una época en la que las fotografías se publican de manera inmediata y las redes sociales convierten cualquier instante en viral en cuestión de segundos, Kotb apuesta por un método artesanal que obliga a esperar, observar y valorar cada captura, en lo que sería un notable tributo a la que dio vida a esta fiesta futbolera: la Copa Mundo de Uruguay 1930.
El contraste resulta fascinante. En el mismo campeonato donde brillan figuras como Lionel Messi, Kylian Mbappé, Erling Haaland y Harry Kane, quienes siguen en carrera en la competición, bajo el lente de las cámaras más modernas del planeta, también existe espacio para que una reliquia de casi un siglo continúe contando historias.
Cada fotografía obtenida por este indudable artista egipcio se transforma en una especie de cápsula del tiempo. No solo registra un partido, una celebración o una tribuna repleta de aficionados, sino que conecta el presente del fútbol mundial con los orígenes de la competición más importante del planeta.
La iniciativa también sirve para recordar cuánto ha evolucionado el deporte rey. Desde aquel lejano Mundial de 1930, disputado íntegramente en Montevideo, hasta esta gigantesca Copa del Mundo organizada conjuntamente por tres países, el fútbol ha cambiado en velocidad, alcance y tecnología. Sin embargo, conserva intacta la capacidad de emocionar.
Y quizá por eso el trabajo de Fareed Kotb genera tanta admiración. Porque, en medio de la prisa permanente de la era digital, sus fotografías demuestran que algunas historias todavía merecen ser contadas con calma.
Mientras los goles quedan registrados de inmediato en millones de pantallas, él los inmortaliza con una cámara nacida junto al propio Mundial. Una manera distinta de mirar el fútbol, pero tal vez una de las más románticas.




