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“El Mello’ regresó de EE.UU, almorzó un sancocho de guandú y se privó”

“Sudaba como un caballo cochero”, expresaron sus amigos en medio del susto.

Por: WIlliam Ahumada Maury

Cuando Evelio hizo la señal con su boca y obturó la cámara de su celular, ya la mirada de ‘El Mello’ Ruben se había ido a negro.

Aún estando sentado ‘El Mello’ perdió la estabilidad, meneó de lado a lado su cabeza -como esquivando golpes de atacantes invisibles- y barrió con sus robustos brazos la jarra de agua de panela que tenía sobre la mesa de madera barnizada. 

‘El Mello’ trataba -en medio de un vahído que lo sumergió en un abismo sin fondo- de agarrarse de algo para no caer sobre el piso de cerámica que se extendía como una alfombra roja frente al “Calderito Sabrosón”, la novedad gastronómica en Barranquilla y Soledad.

Sudaba como un caballo cochero, tenía la mirada perdida en un punto de la nada y la piel del rostro pintada como un disfraz elaborado en cera. Frente a él, la bella abogada Beatriz Diaz Uribe interrumpió la conversación y se espantó, incrédula, con la escena.

Sammy, el creativo productor de videos, escuchó el sonido de cuchillos, tenedores y vasos de vidrio a su lado, tiró el gancho de acero con el que lanzaba sobre la braza lonjas de carnes crepitantes, y evitó la caída de ‘El Mello’. Llegó a él justo a tiempo.

Rubén -“El Mello” de marras- apenas podía dar pasitos. Fue conducido hasta una hamaca sanjacintera de llamativa decoración en amarillo intenso- colgada entre dos árboles- y convertida a la fuerza en una especie de confesionario para más de un comensal del “Calderito Sabrosón”.

Rubén llegó a la hamaca como llegó a su esquina el primer boxeador que desafió a Pambelé cuando se hizo campeón mundial. Estaba ido, .pero -increiblemente ‘El Mello”’ sonreía satisfecho.

– Esta es mi Barranquilla, nojoda- alcanzó a musitar antes de ser acomodado suavemente entre los brazos cálidos de la hamaca. 

Así recibieron sus amigos al carismático creador y productor de cine, Rubén Tejada, recordado por sus años maravillosos en Star Televisión. No fue una maldad tramada con premeditación y alevosía por sus buenos amigos, fue una invitación desprevenida para que ‘El Mello’ regresara a sus raíces barranquilleras tras más de tres décadas viviendo en Estados Unidos. 

Por las redes sociales repetía que extrañaba a su tierra, a sus amigos, quería caminar al aire libre, pero sobre todo anhelaba sumergirse en un buen sancocho currambero. Esto coincidió con la idea de Evelio Suárez al abrir su acogedor comedero.

Desde su llegada Rubén quería tragarse a su Barranquilla del alma. Llegó al Calderito Sabrosón a las 11:30 de la mañana de este domingo, acompañado por la doctora Beatriz Díaz. Se instalaron bajo la acogedora sombra de un árbol de mango y de inmediato ‘El Checho’ los arrulló con música costeña. 

La primera tanda de frías las trajo otro brillante productor de televisión, Lucho Araque, quien estrenaba ese día un pantalón corto que hacía juego con el amarillo intenso de la hamaca. El pantalón mocho podía servir de pantalón largo a cualquiera de sus nueve hijos reconocidos.

El ambiente es acogedor; sombra, música, buenos amigos, el olor de la carne que crepita sobre la candela a pocos metros y el enorme deseo de volver a probar un sancocho barranquillero después de tanto tiempo.

A la 1:42 de la tarde ‘El Mello’ acarició con malicia y de manera circular su barriga incipiente y preguntó al Checho por los sancochos. 

-Quiero un sancocho de guandú con costillas; y dos porciones de costillas frescas- ordenó. Poco después Rubén tenia frente a sus ojos desorbitados -sobre elegantes soportes de varillas- un caldero en el que aún bullían verduras, la yuca, el ñame, dos cortes de plátano, los condimentos y descomunales presas de costilla. El vapor del sancocho -aún hirviendo- envolvió el rostro redondo de Rubén y lo hizo mirar con ojos enamorados a sus amigos.

Sammir, uno de los 14 hijos de Evelio, llegó a la mesa y habló al oído al invitado de honor. – Este picante es del Carmen de Bolivar y necesitas hacer un curso intensivo de inducción para aguantarlo- le advirtió. ‘El Mello’ tomó el frasco con determinación y lo agitó sobre el sancocho. No sabía por dónde comenzar.  Iba a meter la cuchara cuando llegó una comitiva de honor. 

Con su caminar dinámico y contagiosa sonrisa infantil saludó al productor Armandito Carbonó Daconte. Llegó con su bella esposa, un sobrino, el también productor ‘El Puya’ y dos amigos.  El ambiente de fiesta que sólo brinda el Calderito Sabroson estalló. Rubén no soportó el canto de sirenas que salía del caldero y comenzó a disfrutar. Jadeaba como luchador de sumo mientras llevaba a su boca las cucharadas rebosantes de la delicia costeña. 

De cuando en cuando se detenía a soplar para mitigar el calor que desprendía la sopa. Sólo levantaba la cabeza para responder alguna pregunta ocasional y volvía a encarar el caldero. El sudor cabalgó hacia abajo por sus mejillas pronunciadas y empapó el cuello de tortugas de su suéter. 

Evelio -el siempre amable anfitrión- llegó con su celular de gama cósmica a captar el video de los invitados especiales y solicitó unas palabras al Mello. -Mellibirín ¿cómo te pareció el sancocho?-. Hasta ahí se acuerda Rubén.

Ya recuperado en la hamaca y mientras la doctora Beatriz le direccionaba un abanico, llegó Freddy Suarez, hermano de Evelio, con una solución para el desvanecimiento repentino del apreciado amigo.

Traía un coco de agua, de concha amarilla, y un equipo para instalar sueros. Le preguntó al agónico Rubén -¿ lo quieres con hielo o te lo pongo como un suero?.

Esa tarde Rubén terminó bailando salsa a pierna suelta con sus compañeros de la familia Star Televisión.

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