Las autoridades adelantan investigaciones sobre el homicidio del adulto mayor; allegados sospechan de una persona a la que el hombre le dio alojamiento.
“Era una persona noble, un hombre de buen corazón, ese era mi padre bello“, fueron las cortas, pero sentidas palabras que el dolor le permitió pronunciar a Breznew, hijo de Santander Berdugo Choperena, comerciante de 65 años asesinado el pasado lunes 20 de marzo dentro de su negocio en la carrera 13 con calle 109B, del barrio Los Olivos I, de Barranquilla, Atlántico.
Al igual que Breznew, los demás familiares, amigos y vecinos de Santander, apodado Samberch, se preguntan cómo su vida pudo terminar de una manera cruel y piden a las autoridades justicia; el hijo de la víctima aseguró que se están adelantando las investigaciones del caso y “hay que esperar”.

El día de los hechos, Breznew llegó hasta el local y al pasar por la parte que divide al establecimiento con el domicilio donde residía su padre, se percató que en la puerta de la habitación de este había un candado de más, poco después, arribó al lugar su hermano, quien le comentó que su papá no respondía sus llamadas y cuando el hombre le dijo lo del candando la preocupación aumentó.
Con la ayuda de policías que pasaban por el sitio, abrieron la habitación del adulto mayor, encontrando a su padre sin vida en el baño interno y con múltiples heridas de arma blanca. ¿Qué pasó? ¿quién hizo algo tan atroz? y ¿por qué?
Desde el lugar de los hechos, un residente del sector dijo en entrevista con Alexander Ojito, reportero urbano de Impacto News: “Se ve que fue en horas de la mañana, dicen que el señor como que vio que estaba golpeando a la mujer un venezolano que vivía ahí, él le echó a la Policía, al muchacho se lo llevaron los policías en la noche, pero en la mañana salió y como que vino a matarlo”.

Versión que tiene algo en común con la entregada por allegados del occiso, pero quienes apuntan, más que a una represalia, a un robo: “Un mald*** al que le diste alojamiento, como siempre mostrando tu buen corazón, te asesinó para robarte en tu taller de publicidad”, expresó un amigo.
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Deberán ser las autoridades las que esclarezcan los hechos y den con el presunto homicida, mientras, quienes apreciaban a Santander están bajo el peso de un dolor infinito que nunca se extinguirá, pero solo se aplacará un poco con justicia; ahora solo les queda recordar con nostalgia los momentos valiosos vividos a su lado:
“Te conocí en los años 80 cuando le hacías los pendones y avisos luminosos a la gran mayoría de establecimientos nocturnos de entonces, yo tenía por esos años unas pizzería y discotecas en Soledad primero y después en los 90 en Simón Bolívar y a estos sitios fuiste y me montaste sobre la fachada de cada uno un aviso de 12 metros de ancho por 1.20 metros de altura que resaltaba el nombre de estos negocios e internamente le colocaste varios avisos de neón para resaltar los productos que vendíamos”, expresó un amigo de la víctima.
Además, agregó: “Eras un mago para la publicidad y así como eras grande en tu oficio lo eras también y, tal vez más, en tu don de gente buena, trabajadora, inteligente, pero sobre todo ‘mamadora de gallo’. porque nunca faltaba en ti el apunte que despertaba la hilaridad de quienes estábamos a tu lado. A tu lado siempre había trabajo, pero con mucha alegría sana y jodedera de vida. Dios te guarde a su lado, allá Dios va a saber lo que es la risa, hermano mío“.




