Las autoridades adelantan labores para esclarecer los hechos y dar con el hombre que acompañaba a la víctima en el establecimiento donde veían un partido de fútbol.
Nadie sospechaba que el sacerdote Javier Eduardo González Pertuz, de 39 años, fuese el hombre encontrado sin vida en la madrugada del pasado sábado 4 de febrero sobre la mesa de un bar Punto de Encuentro en el barrio Laureles en Medellín, Antioquia.
Según testigos, el hombre llegó el viernes al establecimiento, donde se encontraba viendo el partido Colombia vs. Paraguay Sub-20 y junto a él estaba otra persona con quien ingería licor. De repente, el acompañante del sacerdote partió del lugar, al parecer, con las pertenencias de este, mientras Javier Eduardo se desplomó sobre la mesa.

Quienes lo veían pensaban que estaba ebrio, dormido o desmayado, solo hasta la hora del cierre, en la madrugada del sábado, el administrador del lugar se acercó a él para sacarlo del sitio, lo alzó, lo acomodó afuera del lugar y allí se percató de que no respondía. Al llegar, la Policía verificó que el hombre no tenía signos vitales ni portaba sus documentos personales. El CTI de la Fiscalía se encargó del levantamiento del cadáver.

Solo hasta la tarde del mismo sábado fue identificado en el Instituto de Medicina Legal de Medellín gracias a sus huellas. Las primeras hipótesis de las autoridades apuntan a que el hombre habría sufrido una sobredosis de escopolamina por parte del sujeto que se llevó sus pertenencias.
Al sacerdote, oriundo de Planeta Rica, Córdoba, lo recuerdan como un hombre sincero, alegre, estudioso, que realizaba misiones humanitarias en zonas apartadas del país y cuya bendición esperaban sagradamente los feligreses de iglesia Jesús de la Buena Esperanza en el barrio Belén de Medellín, quienes en en las últimas horas llenaron el recinto, pero no con júbilo, sino con tristeza para darle el último adiós.




