En el caso de nuestro Rojiblanco, fanáticos hicieron hasta caravanas en moto, y en el del Verdolaga, por las calles de Medellín rodó un bus agradeciendo por la estrella 17 antes de la final, la que no pudieron lograr.
Por: Iván Peña Ropaín.
Los “momentos random” en el fútbol colombiano abrieron sus puertas a un nuevo suceso vergonzoso: el festejo antes de tiempo de los jugadores e hinchas del Once Caldas de Manizales en la previa al juego de vuelta por los cuartos de final de Copa Sudamericana y en el que disputarían su paso a las semifinales del rentado Conmebol.
Creyendo que con el dos-cero conseguido en Ecuador en el duelo de ida ante Independiente del Valle ya estaban más que seguros, los jugadores del equipo manizalita, contagiados también por la euforia triunfalista de su hinchada, se montaron en el techo del bus que los transportó del hotel de concentración al estadio Palogrande de Manizales.

Como si ya hubiesen logrado el paso a ‘semis’ de “la otra mitad de la gloria”, o más bien de esas celebraciones parecidas a cuando se consigue un título, varios de los futbolistas de ese equipo, entre ellos Dayro Moreno, igualmente se descamisaron y saltaban de alegría arriba del automotor, mientras otros frotaban banderas del Once o recibían camisetas que les lanzaban los adeptos al club caldense para que las firmaran.

¿Qué pasó luego? Perdieron 2-0 durante los 90 minutos y la definición para acceder a siguiente ronda de Sudamericana se sentenció desde los penales, donde también cayeron ante el conjunto ecuatoriano y quedando automáticamente eliminados, muy a pesar del favoritismo y gran ventaja con la que llegaron a ese cotejo.
Esa vergonzosa celebración de los jugadores e hinchas se aunó a las que en el pasado se apreciaron en el entorno del balompié profesional colombiano y las que todavía desatan burlas y bromas entre los futboleros.
Por ejemplo, cómo olvidar la estrella fugaz que celebraron en Barranquilla, y con caravana incluida, adeptos a nuestro Junior en abril de 2014, luego de que se regara en redes sociales que la División Mayor del Fútbol Profesional Colombiano (Dimayor) emitió un supuesto comunicado en el que informaba que por una inconsistencia en los cambios durante el partido de vuelta en Medellín, al realizar cuatro sustituciones, le quitaban el título que había conseguido Atlético Nacional en la final que afrontó con el Tiburón. Seguidamente, todo fue una broma que viralizó la página ‘Todo sobre Fútbol’.
Tras el bochorno del Once Caldas, también se rememora en estos momentos el festejo por su título de Liga número 17 que creían ya tenían asegurados los de Nacional de Medellín, de cara a la final que jugaron en 2018 ante Deportes Tolima.
Era tanta la bulla de los del verde paisa, que previo al partido de vuelta en el Atanasio Girardot se observaba por las calles de Medellín un bus con la estrella 17 y agradeciendo a los jugadores por esa gesta. La confianza y sobradez que caracterizan al antioqueño eran tales, ya que habían vencido 1-0 en la ida en Ibagué, pero en el segundo cruce perdieron 2-1 y quedó el global 2-2, por lo que la definición del campeonato se trasladó a los penales, ganando al final 4-2 los tolimenses y dando la vuelta olímpica en el estadio medellinense.

Pero las historias en torno a estas humillantes escenas también nos traslada al año 1993, cuando en el Atanasio Girardot tanto hinchas del Independiente Medellín, desde las gradas del escenario, como los jugadores de ese club, desde el terreno de juego, andaban frenéticos por el título que enarbolaban en ese año.
Los del apodado Poderoso habían conseguido un resultado positivo ante Nacional, y en vista de que en Barranquilla el Junior igualaba con América de Cali y de que faltaban pocos minutos para acabarse ese cotejo, ya habiendo terminado el de ellos, comenzaron a colgarse “collares de arepa” en sus cuellos, se les veía agitar las banderas ‘rojiazules’, gritaban de felicidad por ser “campeones” y hasta daban la vuelta olímpica, y ni decir lo pletórico que estaban sus hinchas en las graderías.
Quedó como escena inmortalizada la entrevista que concedía a un medio televisivo el delantero del DIM, Carlos “la Gambeta” Estrada, dando sus impresiones por la estrella lograda, pero cuando le informan en el en vivo que en Barranquilla Junior hizo gol, siendo su autor Oswaldo “Nene” Mackenzie, los paisas del Medellín se fueron en llanto, quedando el Atanasio Girardot frío como un cementerio. Ese tanto del Nene ponía el 3-2 sobre América, victoria que nos daba y dio el trofeo de campeón a los barranquilleros.





