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“Unidos para aliviar el dolor del caos climático”: José David Name, senador de la República

“Más allá de los daños materiales, este recrudecimiento del clima está cobrando un precio irreparable: la vida misma”.

A pesar de las señales claras que está enviando la naturaleza con el recrudecimiento de los fenómenos
meteorológicos, seguimos actuando como si el tiempo fuera un lujo que aún poseemos, cuando la realidad es que cada nuevo evento nos golpea con una fuerza implacable, nunca antes vista. El paso de un frente frío, tanto extremo como inesperado, ha dejado al descubierto una realidad crítica en el país: nos estamos quedando atrás frente al desafío que implica el cambio climático.

Las variaciones que desde hace tiempo se reflejan en Colombia nos están sumergiendo en un caos climático que avanza mucho más rápido que nuestra capacidad de adaptación. Las intensas lluvias presentadas en el territorio nacional en los últimos días han desbordado ríos, provocado deslizamientos de tierra, inundaciones de cultivos y viviendas, muchos desastres que se podrían prevenir, pero que por la falta de adecuadas políticas de gestión siguen ocurriendo, llevándose vidas humanas, degradando el medio ambiente y afectando la calidad de vida de los colombianos.

Lo más doloroso es que este caos ya tiene rostro y cifras alarmantes: más de 69.000 familias lo han perdido todo y 16 departamentos se encuentran en estado de alerta máxima, según la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo (UNGRD). El panorama en Córdoba es especialmente desolador, con un 80 % de su territorio bajo el agua y más de 140.000 personas damnificadas. Y lo peor es que el cielo no parece dar tregua; según la Dirección General Marítima (Dimar), un tercer frente frío ya amenaza con tocar tierra, trayendo consigo más lluvias intensas que pondrán a prueba la poca resistencia que nos queda.

El drama que están viviendo miles de familias en Sucre, Bolívar, Chocó y Córdoba, así como en el Urabá, el Bajo Cauca y el suroeste antioqueño, no puede sernos indiferente; es una tragedia que debe tocarnos el corazón a todos los colombianos. Más allá de los daños materiales, este recrudecimiento del clima está cobrando un precio irreparable: la vida misma. El país está de luto por el fallecimiento de 13 personas a causa de las lluvias, solo en el municipio de Mallama, Nariño, murieron siete personas después de un deslizamiento. Nuestras oraciones y solidaridad con sus familias y seres queridos.

Ante tanta desolación, las palabras de aliento no bastan. Hay que actuar. Esta tragedia, que viven hoy nuestros hermanos cordobeses y de otras regiones del país, nos debe unir en un mismo espíritu de solidaridad y fuerza por la pronta recuperación de aquellos que lo han perdido todo. Cada uno de nosotros puede contribuir con la donación de mercados con alimentos no perecederos, agua, implementos de aseo y elementos como colchonetas, en los centros de acopio habilitados como el punto de recolección ubicado en la Galería de la Plaza de la Paz de Barranquilla o la cuenta corriente Davivienda No. 05604550699969040 habilitada por Asocapitales y la Cruz Roja Colombiana. Los invitamos a sumarse con sus donaciones para brindar alivio a quienes hoy son víctimas del invierno.

Claramente esta es una grave crisis que amerita la declaratoria de emergencia económica y social. Lo que está ocurriendo es muy delicado, representa una preocupante calamidad pública que no da espera, por lo cual el señor Presidente de la República, en este caso, puede invocar el estado de emergencia, que es uno de los tres niveles de excepción previstos en la Constitución Nacional para facultar al Gobierno a enfrentar la crisis a través de una legislación especial y temporal.

Lo que hemos visto estos días es el síntoma de un caos climático que ya nos alcanzó. La prioridad hoy es mitigar el dolor de los afectados, que lleguen pronto las ayudas a las comunidades afectadas, pero la tarea de fondo es que la Nación y las regiones dejen de improvisar y se comprometan de verdad con políticas de mitigación y adaptación.

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