Sus sueños iniciaron en 2017 en la Universidad del Magdalena y culminaron el pasado 20 de diciembre del 2024 tras cinco años de lucha. Allí recibió su diploma como profesional acompañado por su madre y una de sus hijas, quienes no quisieron perderse ese momento único y especial para Luis Noriega.
La historia de Luis Alfredo Noriega Ortiz es un claro ejemplo de superación personal, es un vivo reflejo de que los sueños no conocen límites y de que todo esfuerzo tiene su recompensa. El pasado 20 de diciembre, en medio de una ceremonia llena de orgullo, admiración, lágrimas y sonrisas de felicidad, recibió grado de profesional en Contaduría Pública de la Universidad del Magdalena, luego de cinco años de esfuerzo, alternando sus estudios con su oficio de mototaxista. Su proceso destacó entre los 1.016 profesionales que obtuvieron sus títulos en esa institución de educación superior.

Luis nació en Guachaca, un corregimiento tropical de la ciudad de Santa Marta, fuertemente golpeado por el conflicto armado durante la época del paramilitarismo, lo cual lo llevó en el año 2001 a buscar junto a su familia un nuevo comienzo en la “Bahía más linda de América”, desplazados precisamente por la violencia.
En entrevista con Impacto News, este ejemplo de lucha y valentía recuerda que sus primeros estudios de primaria y bachillerato se dieron en esa zona rural de la capital del Magdalena, una educación bastante precaria asegura, pero que le permitió “dar sus primeros pininos”, empaparse de las letras y de los pocos números que finalmente terminaron atrapándolo.
“Lo que se exige en una universidad no es comparado con lo de un colegio, más porque yo venía de una zona rural, sin embargo, eso me ayudó. Terminé mi bachillerato en 2010, pero no pude ingresar enseguida a estudiar una carrera profesional, no obstante, me mentalicé y todos los días me animaba, me motivaba a que como sea tenía que conseguir el dinero para inscribirme”, expresó Noriega,
En Santa Marta, ha trabajado por muchos años como mototaxista, primero en vehículos proporcionados por terceros y ahora en uno de su propiedad. Gracias a esta herramienta de trabajo fue cimentando sus logros, pues con lo que producía diariamente se paga sus estudios académicos y también llevaba el pan a su familia.

De este modo, fue a finales del año 2016 que decidió pisar fuerte y con convicción se inscribió en la Universidad del Magdalena. Sus aspiraciones fueron Ingeniería Civil y Contaduría Pública; finalmente fue admitido en esta última y allí inició su periplo.
“El primer semestre fue bastante duro, por ocho puntos no perdí mi cupo, pero el resto de periodos pude nivelarme. Era algo tedioso porque yo soy mototaxista y tenía que estudiar y trabajar al tiempo, no sabía qué hacer, pero finalmente decidí correr todas las asignaturas para las noches. Entonces, estudiaba de noche y trabajaba de día. Los fines de semana me dedicaba a leer y estudiar para presentar trabajos, ensayos y temas pendientes de la universidad”, recordó.

Relató que aunque la Universidad del Magdalena es de carácter público, en principio le tocaba pagar entre 500 y 800 mil pesos, dinero que para muchos parecería poco pero para él era un esfuerzo conseguirlo y lo hacía reuniendo todas las monedas de $500 y $1.000 que le pagaban los clientes y usuarios de su caballito de acero. No obstante, en 2020, tras la llegada de la pandemia por el Covid-19 se empezó a gestar la iniciativa de “matrícula cero” y esto alivio su bolsillo en gran manera, pues el resto de semestres no pagó más que el seguro estudiantil ($13.500).
Al ser preguntado sobre el porqué escogió Contaduría Pública, con gran soltura y satisfacción, Luis contó que es una carrera profesional que le puede abrir las puertas para obtener un mejor empleo y demostrar sus capacidades más allá del manubrio de su motocicleta.
“Cuando estaba pequeño soñaba con ser abogado, pero a medida que fui creciendo no me vi en ese ámbito de los tribunales. Entonces me dije ‘en la Contaduría Pública puedo trabajar independiente, en alguna entidad o varias partes al tiempo’, entonces me fue gustando y llamando la atención. Cuando entré a la universidad no tenía ni pizca de conocimiento en el área contable, pero ya dentro me fui empapando. Otro factor que incidió es que durante el examen de admisión tenía que colocar dos opciones; la primera fue Ingeniería Civil y la segunda Contaduría, finalmente quedé en esta, pero estaba seguro que en la que me admitieran iba a ser feliz”, agregó.

El pasado 20 de diciembre, luego de cumplir su etapa académica, Luis Alberto Noriega se levantó muy temprano, se vistió con su toga, se colocó su birrete y en compañía de su madre y su hija mayor, se fueron para el hotel donde se llevaría a cabo el evento. Permaneció siempre con una sonrisa en el rostro. Posteriormente fue llamado a recibir su diploma que lo acreditaba como contador público. Recuerda que no pudo evitar derramar una lágrima cuando por fin sintió ese cartón en sus manos.
“Recuerdo que muchos querían ir a la ceremonia, pero solo teníamos dos cupos y fueron mi madre y mi niña mayor. Los invitados entraban por otra puerta y cuando ellas salieron me abrazaron, se me reinició la vida en ese momento, nunca en mi vida había sentido un abrazo así de tanta felicidad, euforia de mi madre y mi hija, fue una sensación indescriptible. Soy el primer hijo profesional de mi madre, ya que de mis hermanos solo otro pudo terminar el bachillerato conmigo“, puntualizó.

Antes de finalizar la entrevista, este mototaxista, hoy profesional gracias a su esfuerzo y dedicación, definió todo el proceso que vivió con un “¡sí se puede y todo pasa por algo!”.
“Cada persona que sienta que no pueda lograr algo le digo que de todo, el 100%, 500%, todo, esfuércense lo que más puedan. ¡Sí se puede! Es una frase que repetimos mucho, pero no sabemos el significado tan grande que tiene. Es satisfactorio ese punto que llegamos de la euforia y la alegría de haber logrado algo y nadie te la quita. Todo tiene un motivo, un propósito en esta vida, Dios pone a cada quien en el momento adecuado, ni antes ni después. Debemos esforzarnos por lograr lo que queremos, todo esfuerzo tiene su recompensa, soy testigo de eso y quiero invitar a todas las personas que lo puedan hacer y lograr igual que yo”, concluyó Luis Alfredo Noriega Ortiz, el mototaxista samario que venció las adversidades y cumplió su sueño de ser contador.
Informe y redacción: Luis Ángel Terán





