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“Suplico que se esclarezca la muerte de mi hijo”

Diego Andrés Collante Carrillo, de 26 años de edad, fue reportado por su familia como desaparecido, luego de haber transcurrido más de 48 horas sin saber sobre su paradero.

Diego Andrés vestía jeans, camiseta de color negro tipo Polo y unos zapatos deportivos. Salió de su casa el pasado domingo a las 7:00 de la mañana y desde entonces, nunca más se supo de él.

El lunes por la tarde, se informó sobre el avistamiento de un cuerpo sin vida flotando en las aguas del río Magdalena, en el sector de la Sociedad Portuaria. El cadáver fue rescatado y trasladado hacia las dependencias del Instituto Nacional de Medicina Legal con el fin de ser identificado por las autoridades.

Por las prendas de vestir del hombre fallecido, familiares y amigos presumieron que podría tratarse de Diego Andrés. En un primer intento de identificación, las huellas del cadáver no coincidieron con las del joven desaparecido, hecho que se convirtió en una luz de esperanza para su familia; pero horas más tarde, unas fotografías tomadas al cuerpo recién rescatado del río, confirmaron lo peor.

Katia Elena Carrillo Niebles, madre de Diego Andrés, reconoció a su hijo. “Confirmé que era él por un tatuaje que tenía en su bajo vientre, con las iniciales KRJ, de Katia, Ruth y Jeidy. Siempre nos decía que yo, que soy su madre, su abuela y su hermana, éramos las 3 mujeres de su vida”.

Muerte en extrañas circunstancias

El cuerpo de Diego Andrés no registra signos de violencia ni maltrato físico, sus manos presentan unas picaduras que se presumen son de animales microscópicos que se comen la piel de los dedos de las manos. 

La primera hipótesis apunta a un caso de suicidio, pero el corazón de Katia, su madre, le dicta que las causas de la muerte no están claras y siente temor que su hijo haya sido asesinado.

“Me siento confundida, quisiera que alguien me dijera qué pasó, quién lo vio minutos antes de su muerte, si fue un accidente, si lo lanzaron al agua, si lo ahogaron; me resisto a creer que mi hijo se haya suicidado lanzándose al río cuando él sabía nadar y era un hombre muy atlético”, expresa en tono de angustia, Katia Elena.

Diego Andrés se ganaba la vida con una microempresa que había creado de nombre Smart Clean, para el lavado de muebles, cojinería de autos y desinfección de espacios. Reflexionando sobre la posibilidad del suicidio, su madre recuerda que el viernes, Diego Andrés, presentó un cuadro de depresión. “Mamá, me duele mucho la cabeza, por lo que le di Acetaminofen y agua de manzanilla; luego nos sentamos a ver televisión y pusimos en YouTube el canal del pastor Franklin Vásquez, lloró como un niño por varios minutos, empezamos a orar, se acabó el servicio y me dijo que ya se sentía mejor. Le dije: hijo, uno tiene que buscar de Dios”.

Al día siguiente, sábado, Diego Andrés fue a buscar a su hijo de 2 años, lo llevó a su casa y compartieron todo el día. “Juntos vieron muñequitos en la televisión, la pasaron rico. A las 6:00 de la tarde llevó al niño donde su mamá, regresó, le serví la cena y a las 8:00 de la noche se acostó a dormir. No vi nada extraño, no me cabe en la cabeza que pensara en la idea del suicidio”, expresa su madre.

¿Malas compañías?

Katia Elena describe a su hijo Diego Andrés como una persona en vida alegre, respetuosa y trabajadora. “Le gustaba hacer mucho ejercicio, con varios amigos se iban para el parque y me reconoció que de vez en cuando se fumaban sus ‘porros’ pero que el consumo lo tenía controlado. A veces me preguntó si andaba en malas compañías, si me le hicieron algo, si su muerte fue accidental o fue provocada. Queremos saber la verdad para que mi hijo realmente pueda descansar en paz y nosotros, también”.

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