Quienquiera que haya diseñado la estrategia logró el cometido: ocupar los titulares de la prensa internacional y enarbolar las banderas de millones de personas en el mundo que apoyan la causa palestina.
Por: Sergio García
Gracias a mi actual paso por la academia y a la profundización de estudios en temas de mercadeo desde la alta gerencia y maestría en Administración, me ocupo en hacer un análisis de la imagen que recorre el mundo: Gustavo Petro, presidente de Colombia, megáfono en mano, alzando la voz y en un acto de rebeldía invitando a defender la causa palestina y al mismo tiempo, desafiando la autoridad de Donald Trump en su propia casa.

Insisto, es un análisis desde la comunicación estratégica y el marketing político, más allá de si su comportamiento es correcto, incorrecto o perjudicial para nuestro país.
En efecto, la aparición de Petro en una calle de Nueva York, horas después de su intervención en la Asamblea General de Naciones Unidas, ha trascendido más allá de su discurso formal en el recinto diplomático.

La foto final ya es histórica: Petro, al estilo de un rock star, apreció en escena activando símbolos de alto impacto: guayabera blanca, gafas oscuras, gorra presidencial con el escudo de Colombia, atuendo árabe en su cuello que, a muchos causó indignación por la recordación de Jesús Santrich, y la compañía de Roger Waters, legendario músico británico de rock progresivo, cofundador de Pink Floyd.
Acto seguido, el presidente colombiano realiza un acto de sublevación sin precedentes en Estados Unidos al invitar a las Fuerzas Armadas a desobedecer las órdenes del mandatario norteamericano e instar a la conformación de un ejército mundial para defender al pueblo de Palestina y fustigar el accionar bélico de Israel.

Mientras Petro alzaba su voz, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, iniciaba su discurso casi que en solitario ante la retirada masiva del público asistente a la Sala de la Asamblea General de la ONU, en señal de protesta.

Volviendo a la Quinta Avenida, en pleno corazón de Manhattan, preparados los flashes de las cámaras y cientos de celulares en modo vertical y horizontal, se produce la imagen mundial, perfectamente diseñada en un guión que, hasta ahora, se desconoce a su autor: Petro y Waters con sus manos entrelazadas y sus brazos alzados en signo de victoria.
Cada pieza en la escena, incluso, hasta el traductor simultáneo, más allá de lo anecdótico, configuró un relato visual que atrajo a las audiencias internacionales. Los estrategas sabían que una imagen del presidente colombiano vociferando en la Quinta Avenida, circularía con más fuerza hasta hacerse viral, que un discurso escrito en la red social X. Es innegable, la teatralidad simbólica de Petro en Nueva York, se convirtió en un elemento diferenciador, difícil de imitar y de volver a realizar en suelo americano.

A mi parecer, Petro lo logró. A partir de esa atrevida acción, el exmilitante del M-19 pasó de ser un mandatario doméstico a ser un líder mundial, a la altura de muy pocos como Fidel Castro, Hugo Chávez y Salvador Allende, logrando convertir su política nacional en plataforma para liderar causas internacionales, enarbolando las banderas de millones de personas en el mundo que apoyan la causa palestina.
Dicho paralelismo con los expresidentes latinoamericanos mencionados, no radica únicamente en el tono de confrontación hacia Estados Unidos, sino en la capacidad de construir un branding político a nivel mundial. La estrategia, si se consolida, podría elevar su figura a la de un estadista global que reta el orden establecido por la derecha internacional.

En términos de estrategia de comunicación, el uso de la confrontación pública le permite a Petro apropiarse de un liderazgo alternativo, en sintonía con sectores progresistas de Europa, Medio Oriente y América Latina que ven en la causa palestina un símbolo de resistencia universal.

En conclusión, este performance político, extraído de un guión cinematográfico, perfectamente ejecutado en plena calle neoyorquina y con el ingrediente adicional de la revocatoria de su visa de ingreso a Estados Unidos, podría inscribir a Petro en la minúscula lista de grandes líderes latinoamericanos que trascendieron sus fronteras para convertirse en referentes ideológicos y mediáticos de alcance mundial.
Para muchos, lo de Nueva York deja a Petro como un Iron Man, para otros, como un “simple payaso”.
Pregunta final, ¿de qué lado de la historia te ubicarás: Israel o Palestina? En lo personal, en el de la vida.
Perfil del columnista: Sergio García, comunicador social-periodista, especialista en curso en Alta Gerencia, magister en curso MBA-Administración.




