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Lula vs. Flávio Bolsonaro, elecciones presidenciales Brasil
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¿Se acaba el ciclo de la izquierda en Latinoamérica tras la derrota de Lula en la primera vuelta presidencial de Brasil?

El triunfo de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta abre una pregunta que va mucho más allá de Brasil: ¿hasta dónde puede influir el regreso de Donald Trump al poder en el nuevo mapa político de América Latina?

Por: Jorge Mario Osorio

Los resultados de la primera vuelta presidencial en Brasil dejaron una señal política imposible de ignorar: Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,03 % de los votos válidos, mientras Luiz Inácio Lula da Silva alcanzó el 45,16 %, por lo que ambos disputarán la segunda vuelta el próximo 25 de octubre. La diferencia fue inferior a dos puntos porcentuales, pero el mensaje político resulta significativo: el Partido Liberal de Bolsonaro también avanzó con fuerza en el Congreso, mientras la izquierda de Lula enfrenta una contienda que, más que una elección tradicional, se ha convertido en una disputa por el rumbo político de la mayor economía latinoamericana.

Y aquí aparece una pregunta que merece debate: ¿qué tanto tiene que ver Donald Trump con este nuevo escenario? El presidente estadounidense ha convertido a Brasil en uno de los escenarios importantes de su política hacia América Latina. Flávio Bolsonaro ha tenido acercamientos directos con Trump y Washington, mientras Lula ha denunciado una posible interferencia estadounidense en las elecciones. Al mismo tiempo, el gobierno Trump ha aplicado presión comercial sobre Brasil y ha mantenido diferencias políticas con Lula. Todo esto no significa que el resultado brasileño pueda atribuirse a Trump; el voto es, ante todo, una decisión de los brasileños, pero sí evidencia que la política estadounidense está teniendo un peso considerable en el debate regional.

Brasil también deja una paradoja histórica: hoy un Bolsonaro intenta ocupar el lugar político de otro Bolsonaro que está preso. Flávio, senador de 45 años, es el hijo mayor de Jair Bolsonaro y fue escogido por su padre como su sucesor político después de que el expresidente quedara impedido de participar en las elecciones y fuera condenado por su papel en el intento de revertir el resultado electoral de 2022.

La comparación con Lula resulta inevitable, aunque hay que hacer una precisión histórica: Lula no estaba preso cuando Dilma Rousseff ganó la Presidencia en 2010; en ese momento él era presidente de Brasil y fue uno de sus principales respaldos políticos. Lula sí estuvo encarcelado en 2018 y, desde prisión, apoyó posteriormente la candidatura presidencial de Fernando Haddad. La coincidencia real está en otro punto: tanto el lulismo como el bolsonarismo han demostrado que una figura política puede mantener influencia incluso cuando su líder está privado de libertad o impedido de competir.

El resultado brasileño llega, además, en un momento en que el mapa político latinoamericano se ha desplazado hacia posiciones más diversas y, en varios países, hacia la derecha. México, con Claudia Sheinbaum, y Uruguay, con Yamandú Orsi cuya izquierda tiene características propias y una tradición política diferente a la del PT brasileño mantienen gobiernos de izquierda o centroizquierda, mientras Venezuela atraviesa una situación política excepcional y de transición. Pero tampoco sería correcto afirmar que toda la región está simplemente abandonando la izquierda: Cuba y Nicaragua continúan bajo gobiernos de izquierda, aunque con sistemas políticos muy diferentes.

Lo que sí parece evidente es que Brasil vuelve a convertirse en una pieza central del tablero latinoamericano. La pregunta ya no es solamente quién gobernará Brasil desde el 5 de enero de 2027, sino si la región está entrando en un nuevo ciclo político y cuánto pesará en él la presencia de Trump en la Casa Blanca.

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