En su homilía, León XIV presentó a Jesucristo como el Rey de la Paz.
El papa León XIV, en la misa del Domingo de Ramos, pronunció una homilía marcada por un mensaje de paz y una denuncia directa contra la violencia, presentando a Jesús como el Rey de la Paz, aquel que rechaza toda forma de guerra y división entre los pueblos.
Para el papa, la paz es el corazón del Evangelio y el cristiano está llamado a rechazar la violencia y a construir reconciliación en un mundo herido.
Cortesía: Vatican News
La Pasión de Cristo: un acto de entrega total de su amor
El pontífice invitó a los fieles a acompañar a Cristo en su camino hacia la cruz, describiendo su pasión como un acto de entrega total por amor a la humanidad. En su reflexión, subrayó que Jesús no enfrenta la persecución con fuerza ni venganza, sino con mansedumbre y misericordia, transformando el sufrimiento en un regalo de amor para todos.
Uno de los ejes centrales del mensaje fue el contraste entre la figura de Cristo y el clima de violencia que lo rodeaba. Mientras “se prepara la guerra”, Jesús se mantiene firme como luz en medio de las tinieblas.
“Él, que permanece firme en la mansedumbre, mientras los demás se agitan en la violencia. Él, que se ofrece como una caricia para la humanidad, mientras los otros empuñan espadas y palos. Él, que es la luz del mundo, mientras las tinieblas están a punto de cubrir la tierra. Él, que vino a traer vida, mientras se lleva a cabo el plan para condenarlo a muerte”.
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La violencia solo genera más violencia
León XIV recordó que el Mesías entra en Jerusalén montado en un asno, cumpliendo la profecía de Zacarías, como señal de humildad y como rechazo explícito del poder militar. Además, citó el momento en que Jesús detiene a su discípulo que intenta defenderlo con una espada, reafirmando que la violencia solo genera más violencia:
“Como Rey de la Paz, mientras cargaba con nuestros sufrimientos y era traspasado por nuestras culpas, Él ‘se humillaba y ni siquiera abría su boca: como un cordero llevado al matadero, como una oveja muda ante el que la esquila, él no abría su boca’ (Ls 53,7). No se armó, no se defendió, no libró ninguna guerra”.
Dios no escucha a quienes manchan sus manos con sangre
El papá insistió en que Dios no puede ser utilizado para justificar conflictos armados ni enfrentamientos. Con palabras contundentes, recordó que el Señor rechaza las plegarias de quienes tienen “las manos llenas de sangre”, en una clara advertencia contra cualquier intento de usar la religión como instrumento para la guerra.
“Un Dios que rechaza la guerra, al que nadie puede utilizar para justificar el enfrentamiento, que no escucha la oración de quienes hacen la guerra y la rechaza diciendo: ‘Por más que multipliquen las plegarias, yo no escucho: ¡las manos de ustedes están llenas de sangre!’ (Ls 1,15)”.
En la parte final de la homilía, León XIV conectó el sufrimiento de Cristo con las heridas del mundo actual. Señaló que en las llagas de Jesús se reflejan las víctimas de hoy: los enfermos, los pobres, los abandonados y, especialmente, quienes padecen la guerra y la opresión. “Cristo sigue clamando desde la cruz”, afirmó, pidiendo misericordia y exhortando a la humanidad a deponer las armas y recordar la fraternidad.
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El mensaje concluyó con una oración del obispo Tonino Bello, dirigida a la Virgen María, para confiarle el dolor de los pueblos y mantener viva la esperanza. En ella se expresa la certeza de que la muerte y la injusticia no tendrán la última palabra, y que llegará el día en que las lágrimas de las víctimas de la violencia se secarán.