Antes había sido el estratega del Boyacá Chicó, Flabio Torres, cuyo equipo empató a dos con el verde de los paisas en la pasada fecha 14; en el último minuto le regalaron un penal a los de Nacional.
Por: Iván Peña Ropaín.
¡Otra vez, qué casualidad! Como en el pasado juego ante Boyacá Chicó, en el que el DT de ese club, Flabio Torres, cuestionó el arbitraje en el duelo que sostuvo contra Atlético Nacional de Medellín, pasó ahora con el timonel del Deportivo Pasto, cuyo equipo fue víctima de un penal que en el tiempo de reposición le concedieron al verde de los antioqueños.
Tras finalizar ese cotejo por la fecha 16 de la Liga Betplay-II, acabando 2-2 con esa infracción que le dieron a los de Nacional, el técnico del elenco pastuso, René Rosero, empezó diciendo en rueda de prensa: “Hablar del arbitraje es un tema complejo; en tres o cuatro ocasiones le reclamé al línea porque hubo jugadas en las que estaba cerca y debía tomar la decisión de ayudar al central y no lo hizo”.
Agregando: “Se ha generado una polémica de que le pitan penales fijos por partido; es un tema a revisar. Con esto no estoy condenando a los jueces”, aunque seguidamente cuestionó al referí central de ese compromiso, el bogotano Wilmar Montaño, al no medir con el mismo rasero las jugadas en contra del Pasto con las de Nacional.
“Nos cobró faltas donde nos condicionó con amarillas, pero también el rival hizo faltas donde no condicionó; entonces, ante la duda, tiene que resaltar la imparcialidad y no favorecer al equipo más grande”, rematando Rosero: “Hoy el arbitraje ante la duda no nos favoreció a nosotros, sino que favoreció al rival”.
Y esa jugada que tiene iracundos a los pastusos fue en una salida del arquero del Pasto, Víctor Cabezas, quien en su despeje con los puños ante una bola aérea impactó, primero, a un compañero, y segundo, en su caída se le encaramó a un jugador de Nacional; era imposible que el meta evitara la ley de gravedad. Luego de analizarse en el VAR la controvertida jugada, Montaño decretó penal porque el golero golpeó con la rodilla al adversario, pero si se ve bien la imagen, era casi imposible evitar su caída sobre él, no viéndose ninguna mala intención del supuesto infractor.




