Un familiar de la víctima de los hechos registrados en el barrio Tajamar aseguró haber presentido que algo malo pasaría.
Lo que para su familia era un sueño inquietante terminó convirtiéndose en una lamentable realidad: Augusto Romero Hernández, un zapatero de 45 años de edad, fue asesinado en la noche del viernes 12 de junio en el barrio Tajamar, en Soledad, hecho que hoy genera conmoción entre sus seres queridos por una supuesta advertencia que uno de sus allegados asegura haber recibido mientras dormía.
El ataque armado, que acabó con la vida de Romero, también dejó tres personas heridas: un adolescente de 15 años y dos jóvenes de 22 y 21 años. Mientras las autoridades investigan los móviles del acto criminal y contra quién iba dirigido, el relato del misterioso sueño previo a la tragedia ha llamado la atención de familiares y vecinos.
En entrevista con Alexander Ojito, reportero urbano de Impacto News, un tío del hoy occiso aseguró que su ser querido, quien se dedicaba a arreglar zapatos en la cancha del barrio, había sido alertado por parte de un pariente:
“La noche anterior mi hermano tuvo un sueño de que a Augusto lo habían matado en la cancha, él le dio el consejo: ‘No estés en ese lugar en la noche, si haces tu trabajo en el día, en la noche vente para la casa’, pero no le hizo caso a la advertencia que Dios de alguna forma estaba dando”.
El hombre lamentó: “Nos duele mucho esto, hay cosas que se salen de las manos, pero solamente Dios sabe el destino de las cosas. Era una persona entregada a la familia, a sus dos hijos les duele. No se metía con nadie, él asistía a la Iglesia Pentecostal, nunca tuvo problemas con nadie”.
El pariente de Romero Hernández contó que este no pudo huir del ataque, a diferencia de otras personas que alcanzaron a correr, y aseveró que su familiar “estaba en el lugar equivocado”:
“Él tuvo un accidente hace 10 años y se dedicaba a arreglar zapatos a los que jugaban fútbol, los cosía y estaba siempre en la cancha. Como decimos todos, estaba en el lugar equivocado ahí, porque de la casa a la cancha salía, ya que la cancha está a 20 metros, y se dedicaba era a eso. Todo el barrio lo conocía y lo quería mucho porque lo buscaba para que arreglara sus zapatos. Cuando ocurrió el atentado él no alcanzó a correr porque tenía una afección en la cadera debido al accidente, se movía con dificultad y no le dio para huir con agilidad como lo hicieron los demás chicos que estaban ahí”.
Informe: Alexander Ojito – El Ojo de la Calle




