“A donde te escondas, a donde huyas de Dios, hasta allá te va a alcanzar su amor, su cuidado, su propósito”.
Por: Mauricio Molinares
Hay canciones que uno no olvida. Se quedan guardadas en el alma, como un eco de la niñez.
A muchos de nosotros nos enseñaron una en el colegio o en la iglesia: “Jonás no le hizo caso a la palabra de Dios, por eso al mar profundo la gente lo tiró, y vino un pez muy grande y ¡pum! se lo tragó, porque él no le hizo caso a la palabra de Dios”.
La cantábamos sin pensar mucho, pero la vida se ha encargado de explicarla. La historia de Jonás tiene muchísima profundidad. Podríamos hablar de la soberanía de Dios, de su misericordia, de su carácter y de los atributos de su esencia, teología pura.
Pero hoy quiero ser intencionalmente elemental. Quiero quedarme en lo que entendía un niño: hacerle caso a Dios. Porque, muchas veces no es que no escuchemos, es que no queremos obedecer. Y entonces uno alarga el camino. Da vueltas. Huye. Se demora.
Pero a donde te escondas, a donde huyas de Dios, hasta allá te va a alcanzar. Te va a alcanzar su amor, su cuidado, pero también su propósito.
Dios no soltó a Jonás. Ni siquiera la muerte tenía poder para detener lo que Dios había decidido hacer. Y mira esto: ¿Dónde lo vomitó el pez? En Nínive.
Exactamente, la ciudad donde Dios lo había mandado. No alargues lo que ya sabes que Dios quiere hacer contigo.




