El presidente estadounidense ha endurecido muchas de sus políticas, incluyendo la migratoria y el uso excesivo de la fuerza, aspectos que han causado malestar entre muchos ciudadanos.
El pasado sábado 18 de octubre, millones de personas salieron a las calles en más de 2.600 localidades de los 50 estados de Estados Unidos para participar en la campaña llamada “No Kings Protests”.
En ciudades como Nueva York, Chicago, Los Ángeles y Washington D.C., se observaron concentraciones multitudinarias. Por ejemplo, en Chicago estimaron alrededor de 100.000 personas, según The Guardian.
El motivo, de acuerdo con los convocantes, es la “deriva autoritaria” de la administración Trump, incluyendo políticas de inmigración más duras, despliegue de fuerzas federales, y lo que denuncian como un debilitamiento de las instituciones democráticas.
Lejos del estereotipo habitual de una protesta tensa, muchas de estas manifestaciones adoptaron un tono festivo y creativo. Globos gigantes, disfraces inflables (ranas, dinosaurios, personajes humorísticos), bandas de música y pancartas con mensajes como “Nothing is more patriotic than protesting” (“Nada es más patriótico que protestar”) estuvieron presentes.
Una de las consignas del movimiento fue precisamente aludir al lema “No Kings” (“No reyes”), en clara referencia a rechazar que el presidente actúe con prerrogativas monárquicas o autoritarias.

Los participantes alzaron voces de preocupación sobre varios temas:
- Las redadas de inmigración masivas en ciudades gobernadas por demócratas y las acusaciones de falta de debido proceso.
- El despliegue de agentes federales y tropas de la Guardia Nacional en espacios civiles, lo cual los manifestantes vieron como una militarización del espacio público.
- Lo que consideran una erosión del sistema de pesos y contrapesos, con el Ejecutivo expandiendo su poder sin suficiente supervisión.
- Un llamado general a defender derechos civiles, libertad de expresión y participación ciudadana.
Este episodio se considera uno de los mayores días de protesta en la historia de EE.UU., tanto por la amplitud geográfica como por la creatividad del formato. Algunos analistas interpretan que el hecho de que manifestaciones de este tipo se repitan y masifiquen muestra un despertar de la movilización ciudadana ante lo que se percibe como un cambio en la naturaleza del poder político en Estados Unidos.
Los organizadores ya anunciaron que seguirán convocando acciones similares, buscando mantener la presión y visibilizar sus demandas antes de la próxima contienda electoral.




