Ganar una Liga tan mediocre como la colombiana, sí, bacano, pero las “papas calientes” para demostrar una verdadera grandeza están en Libertadores o, en su defecto, en Sudamericana, pero con este equipo ni fu ni fa.
Por: Iván Peña Ropaín.
Nuevamente, y a como tiene acostumbrados por décadas a los junioristas, Junior de Barranquilla volvió a hacer un fiasco, o una vergüenza, como lo quieran calificar, en su aparición internacional en el principal torneo de la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol): la Copa Libertadores de América, configurándose el fresco papelón tras la derrota 1-0 que vio la noche del jueves anterior ante Cerro Porteño de Paraguay en el estadio Jaime Morón de Cartagena.
Los jugadores del Rojiblanco requerían, sí o sí, de un triunfo, así fuese sido de “medio gol a cero”, con el propósito de tomar un suspiro en su objetivo de seguir con las chances de meterse a los octavos de final, pero terminaron haciendo la suya: perder ese vital cotejo.
Este sepulcral resultado que consiguieron, además de que le decantó la eliminación anticipada a falta de dos jornadas para culminar la fase de grupos y lo hundió más en el fondo de su cuadrangular F al continuar con el ‘puntico’ que ostenta, le cercenó gran parte del “segundón” objetivo de no acceder a los octavos de Libertadores: aspirar a acabar tercero para continuar en su participación internacional, pero con miras a pasar a los octavos de la Copa Sudamericana que cursa, aunque jugando previamente una ‘repesca’. Toda una medianía este Junior, pues solo lleva una unidad y es colero. ¡Por favor, respeto para la hinchada!
¿Sobre esta despachada de la “gloria eterna” qué decir? Ya todos saben lo flácidos que fueron los jugadores en cancha, y ni hablar del trabajo del DT Alfredo Arias en el comienzo de la competición con sus módulos ultradefensivos, lo que, sin duda, maniató el “poder ofensivo” con el que cuenta este equipo, pero el que, al final, tampoco destelló nada serio para, por lo menos, no ser la cenicienta del grupo F.
Y como suelen leerse y escucharse las críticas de los dolidos junioristas cada que el equipo de sus amores fracasa, como le acaba de ocurrir: “¡Cobran mucho y hacen poco!”, siendo ello sinónimo del título de este artículo, pues en cancha estaban jugando futbolistas muy bien pagos, de los mejores del balompié colombiano y con puntualidad, pero que, a la hora de devolverle la gratitud en el ámbito internacional a quien les consigna enormes sumas de dinero a sus cuentas personales, la institución ‘quillera’, salen con un “chorro de babas”.
En fin, ahora dicen que van por una Liga mediocre como la de Colombia, y sí, chévere, pero eso no demuestra una verdadera grandeza. Nuestro campeonato criollo lo pueden enarbolar hasta equipos con menesterosos sueldos.
¡Las papas calientes están en una Libertadores o, en su defecto, en una Sudamericana, a la que parece que tampoco se podrá acceder como premio de consolación tras la paupérrima imagen que deja en el campeonato al que acaba de decirle “adiós”!




