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“Milagros”: Desde el alma, un espacio donde la razón y la emoción conversan con honestidad

“A veces el milagro no es eso que sueñas para mañana”.

Por: Mauricio Molinares

Hace unos días escuché, gracias a un gran amigo, una canción que me sacudió el corazón. Se llama “Milagro”, de Karol G. Una artista nuestra que siempre nos hace bailar, pero esta vez decidió cantarle a la gratitud y a la fe.

Qué poderoso es que alguien con tanto alcance use su voz para recordarnos algo que a veces olvidamos: estar vivos ya es el milagro más grande.

Vivimos tan ocupados, corriendo detrás de metas, likes y sueños, que se nos olvida agradecer lo que el dinero nunca podrá comprar: la salud que nos deja bailar y abrazar, el abrazo de un amigo que te salva el día, el beso que te hace sentir en casa, la risa que explota sin avisar, el amanecer que te encuentra soñando

Vivimos esperando “el gran milagro”: ese trabajo soñado, el viaje de tu vida, el éxito que crees que lo cambiará todo. Pero el verdadero milagro es más sencillo y, a la vez, más profundo: está en cada latido, en cada respiración, en cada mañana que te da la oportunidad de volver a empezar.

¿Cuándo fue la última vez que diste gracias solo por abrir los ojos?, ¿Por poder moverte sin dolor?, ¿Por reírte hasta el cansancio con tus amigos?, ¿Por escuchar un “te quiero” de tu familia?

La canción de Karol G me retó a mirar mi vida diferente. Me recordó que la gratitud no es un sentimiento automático: es una decisión valiente que nos enseña a valorar lo pequeño y no dar por hecho lo esencial.

Hoy quiero invitarte a mirar tu vida con otros ojos. A detenerte y darte cuenta de que no necesitas un milagro espectacular para sentirte afortunado. El verdadero milagro ya late dentro de I: está en tu salud, en la risa de tus amigos, en el abrazo que te salva un día malo, en el café con alguien que quieres. No sigas esperando señales enormes mientras ignoras los regalos que ya llenan tu vida.

Pero sobre todo, no olvides a quién debes agradecer. Porque cada respiro, cada sonrisa, cada abrazo… no son casualidad. Son un regalo perfecto ¿de Dios, el Creador, el que te sostiene cuando no puedes más y te ama aun cuando no lo mereces.

“Toda buena dádiva y todo don perfecto vienen de lo alto, del Padre de las luces” (Santiago
1:17). A veces el milagro no es eso que sueñas para mañana.

El milagro es hoy.
El milagro eres tú.
Y cuando reconoces a Dios como la fuente de cada regalo, y le entregas tu vida, tu corazón nunca volverá a ser el mismo.

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