Pese a que el hombre le confirmó a las autoridades que el cadáver correspondía a su ser querido, este fue ingresado como n. n. a Medicina Legal, por lo que no ha podido darle el último adiós.
Dicen que ningún padre debería ver morir a sus hijos, pero a Brayan de Jesús Orellano Escorcia lo encontró sin vida su propio progenitor en la Circunvalar de la Prosperidad, en zona rural del municipio de Galapa, Atlántico.
Fabián Orellano, padre de Brayan, relató el difícil momento en que encontró el cuerpo de su hijo sin vida y, a su lado, el de un amigo de este, con quien había salido rumbo a una fiesta:
“Las autoridades nos hicieron el acompañamiento y llegamos al sitio donde nos habían dicho que estaban los cuerpos de los muchachos, nos acompañaron hasta cierto punto, pero al llegar ahí no quisieron seguir adelante, yo como papá tomé la decisión de entrar con un familiar del otro muchacho, nos metimos trocha adentro como 60 o 70 metros y yo fui quien encontró a los muchachos dentro de la trocha”.

Pese al avanzado estado de descomposición del cuerpo de Brayan, Fabián lo reconoció de inmediato: “Él podía estar hinchado, pero yo reconocí a mi hijo enseguida, su ropa, tenía sus chancletas con las que había salido de aquí de la casa, su pantalón, su gorrita, todo, y su rostro, su chiverita que siempre la usaba mi pelao”.
Cuando divisaron los cuerpos, los familiares de las víctimas, llenos de consternación y un dolor inconsolable, dieron aviso a los policías que se habían quedado metros atrás.
”Creo que fue el comandante de la estación de Galapa quien me preguntó tres veces que si reconocía que ese era mi hijo, yo le respondí tres veces que sí, le dije que estaba 100 % seguro de que ese era mi hijo. Me pidieron los datos, yo se los entregué a una policía que estaba ahí y me preguntó por la mamá, ella estaba llorando, yo le dije: ‘Esa es’”.
Los uniformados recopilaron los datos de ambos occisos y dieron paso al levantamiento de los cadáveres; sin embargo, el drama sigue para estas familias que no han podido darles el último adiós a sus seres queridos.
”Fuimos a Medicina Legal a retirar al niño y nos encontramos con que hay un informe donde dice que la Policía encontró los cuerpos, que no había familiares y que los jóvenes ingresaron como n. n. a Medicina Legal y no nos quisieron entregar a nuestros hijos; nosotros necesitamos enterrar a nuestro hijo”, alcanzó a decir Orellano antes de que se le quebrara la voz.
Mientras su esposo lloraba marcado por el devastador episodio que había vivido y la imposibilidad de sepultar a su hijo, la madre del joven dijo:
”Mi hijo no tenía cédula, nosotros teníamos la contraseña de él. A nosotros nos pidieron identificación, nombre, teléfono, y cuando se llevaron el cadáver uno del CTI nos dijo que esperáramos el llamado al día siguiente. A ellos los recogieron a las 11:00 de la mañana y nos dijeron que se iban a llevar los cuerpos para Medicina Legal de Baranoa porque Barranquilla está congestionada con el caso de los muchachos intoxicados”.
Al no recibir la llamada esperada, los padres de Brayan se acercado a la sede de Medicina Legal, donde les informaron que los cuerpos, que habían ingresado a las 8:00 p. m. estaban sin identificar.
”Ya ellos no tienen la piel de los dedos, nos dijeron que si no los logran identificar con las huellas nos tienen que hacer un ADN al papá y a mí, y que eso dura tres meses”.
En medio de su aflicción, la madre del joven recordó la última vez que habló con él, antes de que la muerte tocara la puerta de su hogar: “El domingo a las 9:59 de la noche yo le pregunté que si iba a dormir a la casa y me dijo que no, a las 10:27 que yo le puse: ‘Ok, hijo, cuídate’, no le llegó el mensaje. Él solamente me avisó que iba para Galapa con un compañero a una fiesta”.
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