El volador de toros era reconocido dentro del espectáculo corralejero de la Costa Caribe y su muerte ha causado consternación entre quienes coreaban su nombre dentro del ruedo.
Apenas han pasado casi dos días desde que un atentado a bala segó la vida de Carlos Andrés Zúñiga García, mejor conocido en todo el Caribe colombiano como El Superman de las Corralejas, y el dolor en el mundo taurino popular sigue latiendo con fuerza.
No fue un toro bravo el que acabó con él, como muchos temieron durante años en las arenas, fueron sicarios los que, la noche del Jueves Santo, lo interceptaron en plena zona rural del municipio El Retén y le quitaron la vida a sangre fría.
El hecho ocurrió en el sector El Bongo de la vereda El Pleito, una zona apartada del municipio de El Retén (Magdalena). Según versiones de testigos y reportes preliminares de las autoridades, Zúñiga departía con varias personas en un parqueadero cuando dos sujetos armados llegaron, abrieron fuego sin mediar palabra y huyeron.
El Superman de las Corralejas, apodo que se ganó a punta de gallardía por volarse los toros de lidia, recibió múltiples impactos de bala y falleció en el lugar. El CTI realizó el levantamiento del cadáver, que fue trasladado a Medicina Legal, y la Policía Judicial ya investiga posibles móviles, entre ellos retaliaciones o venganzas personales, aunque hasta el momento no hay capturados.
Un volador que desafiaba a la muerte en el ruedo
Nacido en Fundación, Magdalena, Carlos Zúñiga se convirtió en una figura emblemática de las corralejas del ese y otros departamentos de la Costa Caribe. Su apodo “Superman” no fue un capricho: se lo ganó por su valentía y destreza como volador de toros, saltando sobre los animales en pleno ruedo durante las fiestas populares de pueblos como Tenerife, Santa Ana y El Difícil. Era de esos capeadores que el público pedía a gritos, de esos que, aun después de cornadas graves que lo obligaron a retirarse temporalmente en más de una ocasión, volvían al ruedo ante el clamor de la gente.
En las corralejas del Caribe, donde la fiesta brava popular es espectáculo, tradición, adrenalina y orgullo costeño, “El Superman” era sinónimo de espectáculo garantizado. Su carisma, su estilo arriesgado y su forma de enfrentarse a los toros lo hicieron querido en decenas de municipios del Magdalena y más allá. En redes sociales, desde el mismo Jueves Santo, los mensajes de duelo no han parado: “Los toros nunca pudieron con él, pero los sicarios sí”, repiten una y otra vez sus seguidores y compañeros del mundo taurino.
La noticia cayó como un balde de agua fría en el ambiente de las corralejas. Amigos, familiares y organizadores de fiestas tradicionales han expresado su consternación. Para muchos, Zúñiga no era solo parte del espectáculo; era un símbolo de esa cultura costeña que resiste a pesar de las dificultades.
Su cuerpo fue trasladado a Fundación, su tierra natal, donde su madre y seres queridos lo recibieron en medio de un profundo dolor y posteriormente le dieron digna sepultura.

Mientras las autoridades avanzan en las investigaciones, el mundo de las corralejas lo despide como se merece, con el respeto que se le debe a quien tantas veces puso el cuerpo por el entretenimiento del pueblo. En las próximas fiestas, su nombre seguramente resonará en cada grito de “¡Superman!”, recordando al hombre que volaba sobre los toros y que, lamentablemente, no pudo volar de las balas.




