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“Los cachacos junioristas”: buscando subirle el ánimo a su papá barranquillero, acabaron enamorados del Tiburón

Tras el partido que jugó el pasado lunes en Bogotá ante La Equidad, en redes sociales se viralizó un video en TikTok en el que se observa a un grupo de bogotanos alentando desde las gradas al cuadro juniorista.

Por: Iván Peña Ropaín.

¿Hay cachacos hinchas del Junior de Barranquilla? Cada que se hace esa pregunta entre los futboleros barranquilleros, por lo general, se escucha como respuesta la palabra “no”, reconociéndose que ellos son más fieles a su identidad respeto a solo darle a los clubes de su tierra, muy contrario a lo que sucede en la Costa, región en la que se ve a muchos costeños hinchando por los principales clubes del interior, llámese Nacional de Medellín, Millonarios de Bogotá o América de Cali.

Pero a esa percepción se le viralizó en redes sociales una dura contra, siendo esta un video en el que se le aprecia a un grupo de cachacos, todos familia, alentando al equipo que mueve las fibras en toda la región Caribe: Junior, en el reciente juego que sostuvo en Bogotá frente a La Equidad por la fecha 11 de la Liga Betplay-I y el que ganó 1-0 con gol de Luis “Cariaco” González.

Más allá del tema de que siendo capitalinos apoyen al elenco caribeño, lo que no tiene nada de malo, pues es un país libre, al menos eso se dice, lo “bacano” de esta historia es cómo nació esa pasión de las tres mujeres y un hombre bogotano que siguen al Rojiblanco como unos ‘quilleros’ más.

Este frenesí se hace incipiente por culpa de un barranquillero, no de pura cepa, para no decirlo como suele mencionarse este atávico adagio popular, sino de pura esquina, carnaval, salsa, verbena, barrio, frías, nota bacana, ‘perrateo’, espontaneidad y dominó, entre las muchas otras características que identifican a un barranquillero.

Se trata del señor Pablo, quien aquel caminar y trajín que trae con sigo la vida, lo hizo ir a la capital del país, donde se enamoró de Maribel, mujer tan cachaca como el ajiaco y con quien edificó un bonito hogar, no en su Curramba la Bella, sino en la Nevera, a petición de la que al final se convirtió en el “amor de su vida”. ¿Y cómo decirle que no a la que en estos 30 años ha sido una de sus mejores decisiones?

Pablo, ya resuelto a crear su hogar con Maribel y darle más vigor a la unión marital, se puso a la tarea de traer al mundo a quienes serían sus herederos. En ese son tuvo dos hijas, empero deseando él, según lo que cuenta una de ellas en un video publicado en TikTok, que alguno fuese un varón.

Su ideal era, como el de la mayoría de los papás futboleros, hacerlo hincha del equipo de su tierra, aunque no hubiese nacido en Quilla, y poder llevarlo con orgullo y jolgorio al Metropolitano portando la camisetica del Tiburón.

Don Pablo con su nieto en una reciente visita en la Arenosa, antes de que el pequeño optara por hinchar mejor por uno de los equipos que juegan en la capital

Para mayor aflicción de este costeño, tampoco le salió la jugada por el lado de sus dos retoños femeninos, sencillamente porque ninguna de las dos sintió atracción por el fútbol, y menos por Junior de Barranquilla.

Aunque muchos años después hubo para él una luz al final del túnel, no porque volviera a “dejar en cinta” a su hermosa Maribel, sino porque una de sus dos “mujercitas”, las que ya estaban grandes, le entregó su primer nieto, no escapando este del vetusto sueño de Pablo de convertirlo en amante al fútbol y, por supuesto, seguidor de su Junior.

Al nuevo inquilino de esta familia, integrada por el barranquillero y sus tres adoradas cachacas, le puso la casaca ‘rojiblanca’ sin pensarlo y lo trajo a Barranquilla para que la conociera y se familiarizara con el terruño donde había nacido décadas atrás, casi siempre viéndose a abuelo y nieto caminando de la mano y portando los dos las camisetas de la institución barranquillera.

No obstante, por esos viros inesperados y dolorosos que da la vida a veces, su pequeño descendiente, por la influencia de sus paisanos bogotanos en el colegio, se quitó la Rojiblanca y se puso la azul de Millonarios, la de la escuadra de la ciudad en la que él sí había nacido, en la que residía y estaba creciendo.

¡Y para qué fue eso! La “traición a la patria” dejó a Pablo más frío que el clima de Bogotá, por lo que a diario ya no se le veía ese brillo, esa sana locura y la alegría que identifica donde sea que vaya al ser ‘currambero’. Ahora más bien lucía apagado y sin muchos ánimos para sentarse frente a la TV o ir al estadio para divisar un cotejo de su amado Junior de Barranquilla.

Pintando así la “película”, sus dos frutos que le regaló la unión con Maribel, al verlo embargado por la melancolía y con tal de “revivirlo” en su pasión por este bello deporte y por el elenco barranquillero, decidieron volverse futboleras y empezar a seguir al club de su papá.

Ambas se aprendieron los cánticos con los que la hinchada alienta al conjunto de Quilla y también lo comenzaron a acompañar al estadio cada que Junior iba a jugar a Bogotá. A la estrategia, que les estaba dando resultado, puesto que Pablo retomaba de a poco su vitalidad “luego de la profunda estocada que le dio su nieto”, al que ama con su vida así le dé a Millos, se sumaron Maribel y otros familiares más.

Y como dice una de sus hijas, en pocas palabras, en medio de la terapia para animar al barranquillero Pablo, “el parche de cachacos se enamoró y se hizo fiel al Junior de Barranquilla”, al que no solo siguen al estadio cuando va de visita a la capital, sino que ahora también los coloca religiosamente al frente de la televisión para hacerle fuerza desde la distancia, sin importar que el rival que tenga al frente sea uno de los de su querida Bogotá.

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