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Letras sonoras que nos aproximan a Dios en la Semana Mayor, a través de la imperecedera ‘salsa’, lejos de ser profana

La Semana Santa en Barranquilla se vive con una banda sonora muy particular, hecha por íconos que tuvieron un acercamiento espiritual, buscando salir del oscuro mundo al que la fama y el dinero los había zambullido.

Por: Iván Peña Ropaín.

“¡Ay! Cómo lo escupieron, cómo lo empujaron, cómo lo llevaron a crucificar… si viéramos bien al mundo y a nuestros pueblos hermanos, no existiera el no rotundo, ni existiera la creencia, cada cabeza es un mundo”: esta estrofa del vetusto tema musical ‘El Todopoderoso’, del “cantante de los cantantes”, el puertorriqueño Héctor Lavoe, retumba con ímpetu en cada rincón de Barranquilla cada vez que se adentra la Semana Santa.

Desde mi niñez hasta ahora, vivencia compartida por muchos barranquilleros de antaño, he comprendido que la también llamada Semana Mayor trasciende de las tradicionales procesiones y de los perennes rituales católicos en la Arenosa, a escucharse casi a diario la “salsa veterana”, o como la proclaman otros, “salsa adulta”, las cuales en sus sonoridades narran la pasión y crucifixión de Jesucristo, o las que simplemente evocan pasajes bíblicos.

A través de los años, el peregrinar de la vida en Barranquilla nos ha enseñado que tales atávicas colecciones que hablan de Dios, Jesús y el credo religioso, bautizadas también por los ‘quilleros’ como “salsa santa”, no solo suenan en las emisoras locales. Igualmente, se escuchan desde las casas de algunos vecinos o desde los Pick-Ups que ambientan los estaderos antes del Jueves y Viernes Santo, días en que este tipo de negocios suelen no abrir por respeto, pero volviéndose a degustar auditivamente en esos sitios estos temas musicales tanto el ‘Sábado de Gloria’ como el ‘Domingo de Resurrección.

Entre estas resonancias salseras que evocan lo celestial, sin ser estrictas alabanzas religiosas ni nada por el estilo, se distinguen las voces de otros grandes exponentes de este género musical forjado en Centro y Norteamérica y cuya incipiente esencia procede del África, ritmo el cual se ha perpetuado “por los siglos de los siglos” en nuestra Curramba la Bella.

Nombres como los de los boricuas Ismael Rivera, Richie Ray y Bobby Cruz, Ismael Miranda, Tony Pabón y Sammy González, o el panameño Rubén Blades, son de aquellos que se untan de más brío para decir “presente” en esta época santa.

Richie y Bobby en medio de uno de sus conciertos religiosos

Por otro lado, otras de aquellas coplas inmortalizadas durante la Semana Santa en la capital del Atlántico, las que se han convertido en verdaderos “ríos de salsa viva” para el salsómano barranquillero en este período de reflexión y recogimiento, son: “El Nazareno me dijo… que cuidara a mis amigos…”, de Rivera, o esa que reza “Pedían la sangre justa de Jesús… pedían que soltase a Barrabás”, del dúo integrando por Richie y Bobby, de quienes particularmente puedo decir son los que gozan de más protagonismo sonoro por estas fechas.

Desde los años 70 hasta la actual Semana Santa que vivimos, lo que es Richie y Bobby se destacan en este género universal por un repertorio extenso de temas salseros con un marcado color cristiano. He escuchado y cantado melodías como: ‘A su nombre gloria’, ‘Ruth’, ‘Los Fariseos’, ‘Juan en la ciudad’, ‘Soy tan feliz’, ‘Arrepiéntete’, ‘Gloria a Dios’ y ‘Aleluya’.

Indagando sobre el porqué la voz de Bobby y el talento para tocar el piano por parte de Richie “mandaban la parada” con sus mensajes de fe y devoción en los días de esta semana especial para muchos mortales, comprendí que ello fue gracias a la edificación de formidables letras que manaron del fidedigno acercamiento que tuvieron con Dios, buscando salir del oscuro mundo al que la fama y el dinero los había zambullido, una orbe terrenal en la que la drogadicción y la vida loca con muchas mujeres los mantenía entre tinieblas, según lo relatan en sus prédicas ellos mismos.

Unos de esos versos que más han calado en el oído y en el corazón de los salseros barranquilleros durante la Semana Mayor, me atrevo a decirlo, se localizan en la canción ‘Gloria a Dios’, que en dos de sus apartes declama al público:
– “Cuando tengo problemas y no sé qué debo hacer, con la Biblia en la mano yo comienzo a leer… la palabra sagrada dice lo que debo hacer, con Cristo aleluya, gloria a Dios…”.
– “Para aquel que quiera tener paz y no la puede hallar, que busque a Dios y entonces la tendrá…”.

A estos profundos mensajes que conllevan a la cavilación sobre la vida terrenal y espiritual, condensados en las melodías de estos y muchos otros artistas que no mencioné y que igualmente resuenan con fuerza en el tímpano del ‘currambero’ en esta época, se suma la armonía inspiradora de ‘Cómo no creer en Dios’, interpretada por Sammy González. ¡Potente esta!

Asimismo, resuenan entonaciones como ‘El Padre Antonio y su monaguillo Andrés’ o ‘Noé’, de Blades, las cuales, si bien no me invitan a bailar ni a beber en señal de sumisión por el ambiente religioso que se respira ante la muerte y resurrección de Jesús (aunque otros no son fervorosos y siguen vacilándola normalmente), sí nos envuelven en la creencia y la fe.

Lo que sí es tangible tanto para los salseros devotos como para los no adeptos, es que estas letras delinean los recuerdos sonoros de cada Semana Mayor en Barranquilla. Al final, todo esto se transforma implícitamente en experiencias anacrónicas que nos aproximan a Dios por medio de la música, pero no con cualquier música, sino a través de la imperecedera salsa.

En fin, hay que concluir precisando que la Semana Santa en la Puerta de Oro de Colombia se siente y se vive con una banda sonora muy particular, en el que la salsa, lejos de ser un género profano, se eleva como un vehículo inesperado para la reflexión, la fe y la tradición. Las letras de estos “clásicos de la salsa santa” se incrustan en los corazones de los barranquilleros, tejiendo una conexión única entre la pasión de Cristo y la pasión por la música, produciendo una mezcla sonora y espiritual que se transmitirá de generación en generación.

Ismael Rivera

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