Lo sucedido sigue demostrando que fracasaron los programas sociales que buscan crear entre las ‘barras bravas’ la cultura de fútbol en paz.
Por: Iván Peña Ropaín.
Nuevamente la violencia suscitada por las ‘barras bravas’ dijo “presente” en el fútbol colombiano, esta vez siendo el escenario el estadio Metropolitano Roberto Meléndez, donde la noche del lunes anterior, se enfrentaron Junior de Barranquilla y Atlético Bucaramanga por la fecha 7 de la Liga Betplay-II y que dejó como ganador al dueño de casa.
La reyerta se divisó en el sector de la tribuna Occidental Alta que colinda con Norte, punto en el que se hallaban varios seguidores del equipo bumangués. Más allá de conocerse la razón del detonante, lo cierto fue que tanto adeptos al Junior como al Bucaramanga se trenzaron entre sí.

Pese a que miembros del Esmad de la Policía llegaron a la zona de la confrontación y en la que se veía en riesgo varios padres con sus hijos en brazos, atendiendo a que esa gradería es familiar, los ‘barristas’ violentos no cesaban las hostilidades.
La cosa se iba a tornar más beligerante al observarse que varios integrantes de estas facciones populares del ‘rojiblanco’ intentaban derribar el mallado que separa a Norte Alta con Occidental Alta, lo que por suerte no pudieron hacer, ya que la situación de inseguridad se hubiese complicado más.
La calentura se bajó dentro del Metropolitano cuando, a la fuerza, los policías lograron retirar a los hinchas del Búcaros, pero escuchándose minutos después a las afueras del escenario los estallidos de las detonaciones por las armas de gas lacrimógeno disparadas por los uniformados, ya que la pelea entre ambos bandos futboleros se trasladó hasta allá.




