Millones le retribuimos gratitud al ya fallecido Akira Toriyama por la creación de una caricatura que marcó nuestras infancias.
Por: Iván Peña Ropaín.
No deja de resonar, pero de manera positiva, entre miembros de la Confederación Mundial de Béisbol y Sóftbol (WBSC), la segunda edición del Mundial de Sóftbol Masculino Sub-23 2026, la cual se efectuó recientemente en Sincelejo, en el departamento de Sucre.
Y lo anterior, no solo por la gran acogida del público que se vio en los dos escenarios en los que se disputaron los juegos de los distintos seleccionados, pese a que era una categoría que no fue de las mayores, sino por el marco vivido en la gran final entre los combinados de Japón y Australia, este último el ganador en la primera versión disputada en Paraná, Argentina.
Además del fenomenal espectáculo que ofrecieron los asistentes al estadio 20 de Enero, llenando sus graderías y alentando a todo pulmón, el show se lo llevó la canción que se escuchó en los parlantes del diamante sincelejano, cuando se decretó el final del juego y los japoneses celebraban eufóricos el título conquistado, más porque en la edición 2023 habían caído contra los émulos de turno.
Y se entonó en todo el escenario sabanero, contagiándose de la melodía la mayoría de los fanáticos presentes, el sublime tema musical que marcó para la “eternidad” la infancia de muchas personas a nivel mundial y que hoy están entre los 35 y 45 años, principalmente en Latinoamérica: la canción principal de una de las caricaturas más famosas, Dragón Ball Z, la que es interpretada originalmente por Hironobu Kageyama en japonés y por el mexicano Ricardo Silva en la versión latina.
Los organizadores locales del evento quisieron brindarle un tributo a los nipones al recordarles con esa canción la icónica serie de anime, que fue muy consumida en Colombia y por la que muchos agradecen, ya que cobró vida gracias al ya fallecido creador de manga, el japonés Akira Toriyama.




