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Ina y Chacha Tafur: ni el COVID las pudo separar

Dos pérdidas irreparables cobró el COVID-19 en Magangué, Bolívar. Carmen Regina y Edith Tafur Fernández, más conocidas como ‘Ina’ y ‘Chacha’, fueron en vida hermanas inseparables.

Fallecieron en el mismo hospital y en la misma población que las vio crecer, a tan solo unos cuantos días de diferencia. Sus cuentos pintorescos y las risas de sus rostros serán un amor inmarcesible para quienes tuvimos el privilegio de conocerlas.

Jorge Andrés Gutiérrez, catedrático universitario y comunicador social-periodista, nacido en Barranquilla, narra las anécdotas vividas de infancia en casa de las tías abuelas en Magangué. Recordar sus alegrías y sus anécdotas serán un bálsamo y el mejor homenaje.

A Ina y Chacha Tafur

Mi familia materna es numerosa y de una población del sur del Bolívar en la ribera del Río Magdalena. Durante mi infancia los viajes con mis padres eran muy frecuente, pero a medida que fui creciendo se hicieron cada vez menos hasta que un día no volvimos a ir.

Cuando leí Cien años de Soledad sentí afinidad con ‘Gabo’ en la forma de describir y vivir Macondo. Tal vez, porque en el Caribe todos los pueblos siempre son el mismo lugar.

De ese lugar recuerdo muy especialmente la casa de mis tías. Dos hermanas que se quisieron tanto como más no pudieron. Nunca las vi separadas, ni en lo emocional, ni en lo espiritual, ni siquiera en sus casas, pues estaban conectadas por el mismo patio lleno de aves, gente y perros que tenían los nombres más creativos posibles.

Ir de una casa a la otra era el juego de todos los días cuando las visitaba. Yo siempre fui más cercano a mi tía Chacha, como todos la conocíamos. Ella era mi madrina y cuando era niño siempre tuvo un detalle para mí. La recuerdo como una mujer dulce y sonriente. De un corazón tan noble como pocos he visto y jamás la vi enojada por nada.

Foto: Facebook

Ahora que miro en retrospectiva, creo que era una humanista de la práctica. Hoy lamento no haber conocido más de su vida, pero sé que amaba a su prójimo más que a ella misma y así lo demostró en vida desde muy joven cuando renunció a todo por cuidar a su padre, a su familia, a los niños que adoptó en la Gavia y a todos los que quería.

Aunque entonces era muy cercano a Chachita, era con mi tía Regina con la que más me reía. Sus cuentos son infinitos y no tengo dudas que ella marcó la memoria de todos sus allegados.

No hay una reunión de su núcleo familiar que no empiece o termine con un cuento de Ina, la mujer que le ponía apodos a todos y que bautizaba las escobas y traperos con los protagonistas de las novelas de turno. A mi madre le decía la Ñata, a mi hermana menor le decía Teatro Caracol y a mí, en un momento, me llegó a decir el Gentleman.

Todos le decían Ina y, al igual que su hermana, siempre la recuerdo de buen humor y con una historia que contar, a partir de una anécdota sobre alguien que no recordaba el nombre. La dinámica era así: entre ambas, (porque era muy raro verlas separadas) sacaban una lista de nombres e hijos/hijas de fulanitos que nunca se llegaba a concretar por lo que el protagonista de la historia siempre era un misterio y 10 minutos después de la pausa por la laguna de memoria, la historia seguía.

La vida no pudo ser más justas con ellas, fueron felices, extrañadas por todos nosotros y con un amor tan fuerte entre ellas que cuando el COVID intentó separarlas, ellas decidieron que hasta en eso debían estar juntas.

Foto: Facebook

Ina tuvo que ver partir a su hija mayor el año pasado, pero ni eso le robó su sonrisa, por muy duro que fue para ella ese momento. Fue precisamente en Bogotá, junto a su hija Vere, la última vez que la vi y me reía con nostalgia porque sin importar los años era la misma mujer que siempre recordé.

A mi tía Chacha no la volví a ver más. Ina se fue primero y no pasó un mes antes que Chachita se fuera a acompañarla. Si existe un cielo, sin duda ellas tres están allá.

A sus hijos, mis primos mayores, siempre que los veo, puedo observar en sus rostros, en las palabras que dicen, en los acentos y gestos, todo lo que ellas eran. Su memoria permanecerá imborrable pues están allí, en todo lo que son.

Me alegra saber que a través de ellos siguen vivas entre toda la familia. Las recuerdo con inmensa alegría. No creo que quisieran que las recordaran de otra forma. Buen viaje a esas niñas eternas.

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