En las montañas, selvas y bosques del país, un grupo de hombres y mujeres cumple una misión silenciosa, pero vital: son guardianes de 27 reservas naturales.
En el corazón de los bosques, montañas y selvas colombianas, donde habitan algunas de las especies más extraordinarias y amenazadas del planeta, una misión silenciosa y vital se lleva a cabo día tras día. Son los guardabosques de la Fundación ProAves, verdaderos guardianes de la biodiversidad que, con compromiso, conocimiento y profundo amor por la naturaleza, protegen las 27 reservas naturales de la organización en todo el país.
Este homenaje busca exaltar la labor incansable de 32 hombres y mujeres que, en estrecho vínculo con sus territorios, dedican sus vidas a conservar especies endémicas, restaurar ecosistemas y prevenir amenazas como la deforestación, el tráfico de fauna y la expansión de la frontera agrícola.
Gracias a su trabajo, aves únicas como el Paujil de Pico Azul, el Periquito de Santa Marta o el Loro Orejiamarillo aún encuentran refugio seguro. Ellos son quienes monitorean, siembran, vigilan, educan y conectan a las comunidades con el valor de su patrimonio natural.
“Ser guardabosques es más que un trabajo: es una causa de vida. Su conocimiento ancestral y su cercanía con los ecosistemas han sido clave para preservar lo que aún nos queda”, asegura la dirección de la Fundación ProAves.
En tiempos de crisis climática y pérdida acelerada de biodiversidad, su rol se vuelve más urgente y valioso que nunca. Por eso, desde ProAves hacemos un llamado a visibilizar, apoyar y dignificar la labor de quienes cuidan nuestros bosques como un acto de resistencia, amor y esperanza para el futuro del planeta.




