La inconsolable familiar contó que Héctor Ariel Beleño Ortiz, de 30 años, era ingeniero mecatrónico, amante del fútbol, del ciclismo y fiel hincha del Junior.
Con el corazón destrozado y no queriendo creer lo que vive hoy su familia por cuenta de la tragedia que los golpea, la hermana de Héctor Ariel Beleño Ortiz, el ingeniero mecatrónico de 30 años que murió en un accidente de tránsito registrado en la avenida Circunvalar, a la altura de Metroparque, frente al barrio Villa San Pedro, en Barranquilla, contó cómo se enteró de la fatal noticia que terminó apagando la vida de su ser querido.
La mujer, estando en la sede de Medicina Legal, relató a nuestro reportero urbano, Alexander Ojito, que se encontraba trabajando cuando recibió una llamada de su padre. Sin embargo, al contestar, lo primero que escuchó fue una gran cantidad de ruido y gritos de fondo, situación que la llevó a pensar que algo le había sucedido a su progenitor.
“Pensé que le había pasado algo a mi papá”, empezó narrando con su voz entrecortada, explicando seguidamente que, incluso por el miedo a recibir una mala noticia, decidió colgar la llamada rápidamente. Pero, sin saber ella que era su padre, este insistió y, cuando finalmente volvió a contestar, de manera fulminante le informó de la lamentable noticia, esa que jamás imaginó escuchar: “Héctor había muerto”.

De acuerdo a lo que su papá le explicó del suceso, quien, por esas cosas inexplicables de la vida, iba a bordo de uno de los buses involucrados en el altercado vial y quien fue el que reconoció a su hijo, estando ya tirado en el pavimento y muerto, la hermana del hoy occiso manifestó que Héctor se movilizaba en su moto cuando fue tropezado por uno de los vehículos de servicio público, que iba a gran velocidad. Su consanguíneo se dirigía hacia la Universidad del Atlántico, donde laboraba.
“Es algo normal en Barranquilla, tristemente algo normal en Barranquilla. Todos los que cogemos buses sabemos que eso es algo del diario vivir, que uno va en el bus y va orándole a Dios que no pase nada ni a nosotros ni a la persona que va afuera. Lamentablemente hoy es mi hermano. Ayer fue otro y la semana que viene posiblemente va a ser otro”, expresó entre lágrimas.
En medio del dolor que le ha partido en dos el corazón, la familiar de esta presunta víctima de la irresponsabilidad al volante también hizo un llamado a los propietarios y responsables de las empresas de transporte para que revisen las condiciones en las que trabajan sus conductores y eviten que las carreras y las presiones terminen convirtiéndose en una amenaza para los pasajeros y demás actores viales.

“Lamentablemente, ellos siempre van en esas carreras”, anotó la dolida mujer, al referirse a la manera como, según su percepción, algunos conductores terminan exponiendo sus vidas y las de los demás.
Pero más allá de la tragedia, su hermana quiso recordar quién era Héctor detrás de la noticia del accidente. “Era un hombre trabajador, alegre, deportista y, sobre todo, querido por quienes tuvieron la oportunidad de compartir con él. Que no esté hoy es un dolor profundo e incurable”.
Incluso, recordó que, poco antes de la tragedia, Héctor le había enviado un video de su pequeña hija mientras esta se montaba en una escalera. Ella le respondió sorprendida y ambos intercambiaron algunos mensajes y stickers entre risas, sin imaginar que aquella sería una de sus últimas conversaciones.

“Excelente ser humano”, fue una de las expresiones que más repitió su hermana para describirlo, destacando además que, después de conocerse su muerte, numerosas personas comenzaron a compartir fotografías y recuerdos de Héctor en redes sociales.
Y es que el fallecido ingeniero era ampliamente conocido en su entorno por su pasión por el deporte. Durante varios años practicó fútbol y muchos de sus conocidos lo distinguían como el “Flaco”, apodo con el que cariñosamente lo llamaban.
También rememoró que una lesión en una de sus rodillas hizo que poco a poco se alejara de las canchas y, posteriormente, encontrara en el ciclismo otra de sus grandes pasiones. Pero si había algo que Héctor llevaba con orgullo a donde quiera que fuera era su amor por el Junior de Barranquilla.

En el nostálgico relato de su hermana, evocó que cada vez que viajaba llevaba consigo la camiseta del equipo ‘rojiblanco’ y aprovechaba cualquier lugar para tomarse una fotografía luciendo los colores del Tiburón.
“Es triste, porque ni siquiera va a ver el estadio (Metropolitano) ahora nuevo. A él siempre le gustaba ir. Hasta ahora que pasaba por ahí lo miré y le dije a mi esposo: ‘Qué bonito el estadio’. Y ahora no lo voy a ver”, expresó su hermana, con la tristeza propia de quien sabe que una nueva vida comenzaba a escribirse para Héctor, pero que terminó abruptamente en las calles de Barranquilla.
Informe: Alexander Ojito – El Ojo de la Calle
Redacción: Iván Peña




