El vencedor de este compromiso se verá ahora con el ganador entre la ‘llave’ de Costa de Marfil y Noruega.
Por: Iván Peña Ropaín.
Pese a que ganó y clasificó a los octavos de final, la Selección Brasil volvió a poner sobre la mesa el hecho de que no ha sido más el “jogo bonito” desde cuando jugara su última final de una Copa Mundo y que ganó en 2002, deduciéndose ello por la forma apurada y amorfa con la que se impuso 2-1 a Japón la tarde de este lunes festivo, venciéndolo en su serie de dieciseisavos de final del Mundial Estados Unidos, Canadá y México 2026.
En el gramado del estadio NRG, en Houston, Estados Unidos, los nipones fueron más precisos en aprovechar con contundencia la única que tuvieron con claridad durante el primer tiempo del cotejo, al minuto 29. Tras una corrida al recuperar una esférica en ‘bomba central’, con pelota en los pies y sin alguna marca que lo impidiera, el jugador Kaishū Sano se aproximó al área y pateó abajo y cruzado al palo derecho de Alisson Backer, quien se lanzó para nada.
Los brasileños, antes de esa anotación y después de ella, siempre fueron los que buscaron en terreno rival, aunque a los tropezones, sin idea ni magia, pero eran quienes intentaban.
No obstante, le costó siempre vulnerar la muralla japonesa en ese primer período, el cual se fue coloreado con ese uno a cero parcial, acabando las acciones siendo más atrevido el equipo de la “Tierra del Sol Naciente” y luciendo desesperada la Canarinha, que en lo que va de esta Copa Mundo ratificó partido tras partido que ya son solo historia.
Para la segunda parte, la Selección Brasil, que hacía de local por la gran cantidad de hinchas que se apreciaban en el NRG de Houston, salió con todo y notándosele algo mejor en cuanto al juego en conjunto e individual que venía exponiendo hasta ahí.
Ello le permitió una secuencia de ataques con gran riesgo en el pórtico defendido por el meta nipón Zion Suzuki, quien no había sufrido mayores afugias hasta ese momento.
Ese intervalo agresivo se produjo entre el 52’ y 55’. La primera fue una sacada a quemarropa que hizo Suzuki a guante unido frente a un fuerte cabezazo de Bruno Guimarães tras centro de costado derecho. Luego, vino otra al minuto siguiente, en otro centro, esta vez de la zona izquierda y cerca de las 5 con 50, metiéndole en “palomita” la frente Casemiro, pero por azar la bola da en la cara de un defensor del émulo asiático que estaba sobre la línea y logran rechazarla posteriormente.
Pero la tercera fue la vencida. Al 55’, a otro pase cruzado y al segundo palo, Casemiro le ganó la espalda al defensa de Japón y de testazo le cambió el palo a la trayectoria del balón y dejó pagando a Suzuki. ¡Gol de Brasil, les llegó el merecido empate, aunque este sin ese fútbol brillante que muchos quieren volver a ver!
Tras la paridad, Brasil se fue con todo encima del cuadro asiático y estrelló dos balones en el poste. Uno fue por parte de Vinicius Jr., que se acordó de jugar, evitándole previamente Suzuki el gol al poner su mano izquierda.
Ya cuando todos pensaban que el partido se iba al alargue por el uno a uno que Brasil no podía vulnerar, pues lo intentaba por todos lados, aclarándose que sin “jogo bonito”, vino el de la victoria para los sudamericanos. Y es que se marcaba el último minuto de los seis que dieron como reposición.
En una jugada de recuperación y toque de Endrick hacia Guimarães, cerca del área, se dio una filtración hacia el punto penal y le quedó a Martinelli, quien paró con la izquierda y definió con la derecha al palo izquierdo. El arquero de Japón alcanzó a tocar el balón, que dio en el poste y terminó metiéndose al arco con suspenso.




