Familiares del tercer hombre no saben sobre su paradero, pues los captores no se han vuelto a comunicar con ellos. Temen que también lo hayan asesinado.
Andrés Vargas, Edwin Quintero Carrascal y Jair Pineda Carrascal, oriundos de Ocaña (Norte de Santander), emprendieron un viaje con la esperanza de encontrar un futuro mejor hacia el sur de Bolívar. Sin embargo, lo que debía ser una ruta laboral se transformó en un camino de horror cuando fueron interceptados y retenidos por hombres armados, quienes aseguraron ser integrantes de un grupo de autodefensas que ejerce control en esa región del país.
Según relataron sus familias, desde el primer momento fueron informadas de la retención y mantuvieron comunicación constante con los captores. Pero cuando avanzaban las gestiones para su liberación, recibieron la noticia más devastadora: una imagen que confirmaba el asesinato de dos de ellos, Andrés Vargas y Edwin Quintero Carrascal.


Del tercero, Jair Pineda, quien vestía un buzo rojo al momento de su desaparición, no se tiene información precisa. Su familia teme por su vida, no solo por el riesgo inherente a la retención, sino porque padece serios problemas de salud y necesita medicamentos de manera urgente.

A la tragedia se suma un obstáculo inesperado, los cuerpos de Andrés y Edwin fueron trasladados hasta el municipio de El Banco, Magdalena, pero las autoridades locales no han avanzado en los trámites para su entrega. La razón, denuncian los familiares, es la ausencia de la funcionaria encargada del proceso administrativo, lo que mantiene a las familias en una dolorosa y angustiante espera.
Mientras tanto, en la zona norte de Ocaña, donde las víctimas eran ampliamente reconocidas, la comunidad permanece conmocionada. Vecinos y allegados no comprenden cómo una búsqueda de oportunidades terminó en un hecho marcado por la violencia, la impunidad y la ineficacia estatal.
Hoy, las familias exigen celeridad, acompañamiento institucional y, sobre todo, la aparición con vida de Jair Pineda. Su voz es un clamor que retumba más allá de las montañas del Catatumbo: “No podemos seguir enterrando a nuestros hijos por culpa de una guerra que no termina”.




