Ser barranquillero no es solo amar al Junior y el Carnaval, también es cuidar la ciudad, evitando arrojar desechos contaminantes a los arroyos.
Por: Iván Peña Ropaín.
Las imágenes compartidas en redes sociales por un ciudadano desde el Gran Malecón del Río y que se han viralizado, tras la precipitación que se registró la noche del jueves anterior en diversos puntos de Barranquilla, continúan evidenciando cómo toneladas de residuos sólidos fueron transportadas por las corrientes de agua hasta desembocar en el río Magdalena.
En el film, en el que se escucha la voz del reportero urbano con tono de total indignación y repudio por la falta de cultura ciudadana, se observaban bolsas, botellas, envases y todo tipo de desechos, los cuales terminaron convertidos en protagonistas de una escena que, más que sorprender, debería generar vergüenza en una ciudad que lucha día a día por seguir creciendo.
Porque sí, los arroyos que se aprecian en distintas calles de la Arenosa pueden ser imponentes y capaces de arrastrar prácticamente todo lo que encuentran a su paso, pero también es cierto que buena parte de esa basura no llegó sola a las calles. Alguien la arrojó, alguien decidió que el espacio público podía convertirse en caneca y, cuando llegó la lluvia, el agua simplemente hizo su trabajo: recogió todo ese material y lo llevó hasta mencionado importante cuerpo de agua del Magdalena.
La escena vuelve entonces a poner sobre la mesa la necesidad de acabar con esa vieja y dañina costumbre de lanzar basuras a las calles, haciéndose énfasis en esta problemática que no acaba y la que nace desde los hogares, que el ser un orgulloso barranquillero no es porque se sea hincha del Junior o porque amemos el Carnaval, sino que todo también pasa por amar a Quilla, y eso es no arrojar los elementos de desecho a los arroyos, principalmente.




