Sectores políticos han calificado el enunciado como “despectivo”, “indolente” y reflejo de un gobierno “deficiente y carente de respeto”.
El ministro de Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo, desató una fuerte controversia en el país al responder con la frase “los ricos también lloran” a la dramática situación financiera del Hospital San Rafael de Itagüí, en Antioquia.
La declaración, realizada durante una entrevista en el programa 6AM W de Caracol Radio y que ratificó en el consejo de ministros, fue en respuesta a las denuncias del gerente del hospital, Luis Fernando Arroyave, quien rompió en llanto al describir cómo las deudas acumuladas han impedido pagar salarios a los trabajadores durante meses.
El incidente se originó cuando Arroyave, visiblemente emocionado, relató en medios locales que algunos empleados del hospital se han desmayado por hambre debido a la falta de pagos, en medio de una deuda que supera los 8 billones de pesos colombianos por parte de las EPS, incluyendo la Nueva EPS, intervenida por el Gobierno Nacional.
“Llevamos meses sin poder pagar, y los trabajadores están sufriendo”, expresó Arroyave, cuya imagen llorando ha circulado ampliamente en redes sociales y ha conmovido a la opinión pública.
En la entrevista radial, Jaramillo atribuyó los problemas no a la falta de financiación estatal, sino a una “malísima administración” y a la “politiquería” que, según él, ha afectado históricamente al hospital.
“Uno no puede salir a llorar cuando todo el mundo sabe que ha habido una malísima administración. Ese hospital ha sido presa de la politiquería, desafortunadamente”, afirmó el ministro, insistiendo en que las deudas actuales obedecen a errores administrativos acumulados y no a deficiencias en el flujo de recursos del Gobierno.
Arrecían críticas por la controvertida frase el ministro
La respuesta del ministro ha sido calificada de “despectiva”, “burlona” e “indolente” por diversos sectores. El exministro de Justicia Wilson Ruiz Orejuela lo criticó en redes sociales, aclarando que “aquí no son los ricos los que lloran”, sino usuarios vulnerables, como adultos mayores en Bogotá, que protestan por la no entrega de medicamentos en la Nueva EPS.
Por su parte, el presidente de la Asociación Colombiana de Sociedades Científicas, Agamenón Quintero, tildó la gestión de Jaramillo de “deficiente y carente de respeto” hacia el personal de salud, expresando solidaridad con los trabajadores y directivos hospitalarios.
Figuras políticas de oposición, como el precandidato presidencial Enrique Peñalosa, han sido aún más contundentes: “El ministro de Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo, es un miserable por burlarse de los que están sufriendo por la crisis en la salud”.
La concejal de Bogotá Sandra Forero Ramírez agregó que esta actitud refleja un “gobierno indolente” que no merece el país.
Esta polémica se enmarca en una crisis más amplia del sistema de salud colombiano, agravada por deudas millonarias de las EPS y problemas estructurales desde la implementación de la Ley 100. Aunque Jaramillo defendió su postura al destacar fallos en la administración privada y en las EPS que priorizan pagos a sus propios hospitales, las críticas persisten y han intensificado el debate sobre la reforma a la salud propuesta por el Gobierno de Gustavo Petro.




