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Con más de 50 años en el Carnaval, Carasucia se alista para desfilar una vez más

Pese a estar en silla de ruedas, el adulto mayor recorre las calles de la Arenosa, acompañado por sus hijos y nietos.

Por: Laura Rocco

Hacer presencia por más de 50 años en el Carnaval de Barranquilla es algo valioso que no muchos logran. En 1968 el caleño José Fernando Herrera llegó a la Arenosa, un año después participó en su primer desfile del Carnaval y en 1970 apareció con su personaje “Carasucia“, con el cual este año volverá a participar en la fiesta patrimonial.

La historia de Carasucia

Desde hace tres décadas en una angosta calle del barrio El Silencio reinan las narices rojas y zapatos grandes, ¿y cómo no?, si allí, en una humilde vivienda de color verde, habita el papá de los payasos, José Fernando Herrera, Carasucia, un caleño que por circunstancias de la vida repitió la icónica frase de Joe Arroyo, “En Barranquilla me quedo”.

Durante varios años la imagen de Carasucia recorriendo los desfiles llamó mi atención, hasta que un domingo, bajo la inclemencia del sol de febrero, me propuse conocer la historia de ese adulto mayor que, a pesar de estar en silla de ruedas, salía de su casa vestido de colores para hacer recorridos como el de la Gran Parada de Tradición “Carlos Franco” del Carnaval de la 44, antecedido por otros que ejercen su mismo arte y custodiado por unas muñeconas inseparables.

“Un hijo bastardo no pega entre niños ricos”

José Herrera me recibió en la terraza de su hogar para hablarme de Carasucia, en medio del sol picante que acechaba su rostro, la fuerte brisa que sacudía su cabello, cual hojas blancas, y la risa de sus nietos jugando. Carasucia empezó a contarme sobre el inicio de lo que fue una dura infancia, la que se convertiría en su “careta de alegría”, tal como la canción Payaso del mexicano Javier Solís.

Carasucia y tres de sus nietos, todos partícipes del Carnaval en la comparsa Evelia Acuña y sus payasitos. Foto: Laura Rocco

Sin tapujos me habló de su madre, Clemencia Herrera, quien pertenecía a una familia adinerada de Cartago, Valle del Cauca; ella, aprovechando su contextura gruesa, intentó mantener oculto su embarazo, usando unas fajas que le evitarían la “deshonra”.

El 29 de mayo de 1943, Clemencia dio a luz a José Fernando en la Clínica San Juan de Dios de Cali, pero al mismo tiempo que esta vida venía al mundo, la de su madre se apagaba, entre el dolor, el llanto y el desconcierto de sus familiares.

José Herrera, Carasucia. Foto: cortesía

José pasó sus primeros ocho años en el Instituto Oscar Scarpetta Orejuela de Cali, un orfanato donde lo criaron monjas pertenecientes a las Hermanas Vicentinas, luego de ser dejado allí por Marta, su tía materna. Al respecto, confesó invadido por la nostalgia:

Como era un niño bastardo, entre los niños ricos no pegaba, ella me llevó dizque por un día y duré hasta los ocho años en el orfelinato, pero las monjas solo mantenían a los niños hasta esa edad y después los daban en adopción. A Marta le dieron la alternativa de poder adoptarme, ella habló con su esposo y así lo hicieron, mas él no me dio su apellido, dijo me quedara con el de mi mamá porque era bastardo, me adoptó viendo qué podía producirle. No puedo quejarme, me educaron, me trataron bien, hubo muy poco amor, yo diría que no hubo nunca amor. Mis primos, hermanos de crianza, me veían como uno más, pero no como su hermano”.

De Bogotá a Barranquilla por una decepción amorosa

“Desde chiquito, cuando vivía en Cali, era el payasito de los colegios, una vez yendo a Cartago me preguntaron si yo era el hijo de Clemencia, yo dije que sí y me aseveraron: ‘Tú papá era un payaso’, o sea, que eso yo lo tenía en los genes. Ese payaso, llamado Miguel García, volvió años después a ver qué había quedado de la maldad que hizo”, escarbó Carasucia entre sus más íntimos recuerdos.

Con el apoyo de sus parientes, José Fernando estudió en el Teatro Escuela de Cali de Enrique Buenaventura y a sus 18 años partió hacia Bogotá. Estando allá decidió no volver a la Sucursal del Cielo, aunque le dieron dinero para regresar.

Primeros espectáculos de Carasucia. Foto: cortesía

“En Bogotá me quedé en un inquilinato y trabajé en la empresa Tapa Metal durante más o menos dos años, pero al frente quedaba el Instituto Nacional de Radio y Televisión de Colombia, Inravisión, fundado en 1964 y disuelto en 2004”, contó Herrera.

Allí los artistas de otras ciudades esperaban turnos para actuar como extras y, por fortuna, quien contrataba al personal había sido jefe de José en Cali, por ello, lo ayudó con varios papeles que lo fueron llevando poco a poco al reconocimiento y a codearse con las élites.

“Después hice parte del Circo en Casa y del programa Telecirco de Fernando González Pacheco, yo fui adquiriendo una fama increíble porque era un don nadie, pero mi estadía en Bogotá se acabó porque allá tuve una pareja, convivimos y un día al llegar a la casa descubrí que me engañaba, fue ahí cuando decidí venirme para la Costa”.

Antes de continuar narrando la historia de su llegada a Barranquilla, Carasucia destacó que en la capital del país también fue profesor de la Casa de Menores de Bogotá, dirigida por Manuel Zapata Olivella: “Un día allí estaban discutiendo los términos pelafustán, carasucia y gamín, yo les dije que me vieran en televisión cuando saliera en Telecirco y que ellos me pusieran el nombre. Entonces, al llegar el lunes, los mismos pelaitos me dijeron: ‘Llegó el profesor de los carasucias’ y así me quedé”.

“En Barranquilla me quedo”

En la Puerta de Oro de Colombia este talentoso y carismático teatrero contaba con una mano amiga, un sacerdote que había dirigido un campamento en Bogotá y del cual fue asesor. Así que, sin pensarlo dos veces, llegó a Barranquilla, donde planeaba “pasar durante quince días el guayabo por la traición de su novia”, aunque el destino tenía otros planes para él.

“El sacerdote me dijo que necesitaba a un profesor para tercero de primaria hasta diciembre, después conocí a Alfredo de la Espriella, quien me enseñó toda la idiosincrasia del Carnaval y me motivó a participar en los desfiles. Alfredo fue mi mecenas, como una madre para mí, ese hombre se enamoró de mi trabajo y me contrató para muchos eventos durante doce años, así me fueron reconociendo más y, además de payaso, gracias a otra persona fui Papa Noel hasta 2018, cuando me amputaron una pierna”.

La Asociación de Grupos Folclóricos del Atlántico le entregó en enero de 2023 un “Joselito” a José Fernando Herrera. Foto: Laura Rocco

Carasucia y sus muñeconas

En la década de los 70 fue el primer desfile del Carnaval de Barranquilla en el que participó Herrera, curiosamente, no de payaso, sino de fantasma porque De la Espriella le dijo que el disfraz que cargaba consigo “era muy bogotano y parecía de entierro”.

Al año siguiente sí se dio a conocer en la Vía 40 el propio Carasucia con un vestuario rojo que mandó a hacer basado en el del payaso mexicano Chuchín. El disfraz quedó tan llamativo que un grupo de japoneses se fijó en su imagen y lo contrató para un comercial.

Con este disfraz, Carasucia se dio a conocer a nivel internacional. Foto: cortesía

“En el desfile no estuve solo, sino con una muñecona que me traje de Cali y adorné, así que en el comercial también salí bailando con ella. Gustó tanto que con el tiempo fui haciendo más muñecas, las cuales son manejadas por personas que se meten debajo de sus faldas, hoy son más de quince y hacen parte de mi comparsa ‘Carasucia y sus muñeconas’”, añadió.

Primera muñecona de Carasucia. Foto: cortesía

“¡Con ese payaso ni muerta!”

Dado que “en Barranquilla todo salía mejor”, aquí se amañó, se quedó y hasta se enamoró de Evelia Acuña, con quien tuvo cuatro hijos. Ella, natural de Pivijay, Magdalena, nos acompañó durante toda la entrevista y, claro, en varias ocasiones intervino, orgullosa de saber que la historia de su esposo es digna de contar.

“Yo trabajaba en una tienda y él me empezó a enamorar, pero yo decía: ‘¡Con ese payaso ni muerta!’, no gustaba de él porque tenía una edad muy avanzada para mí, yo tenía 23 años y él 43. No me cansaba de rechazarlo y le tiraba la puerta; no obstante, entre peor lo trataba, él se portaba más bonito y me ganó con detalles”, confesó Evelia.

Carasucia y sus muñeconas. Gran Parada de Tradición “Carlos Franco” del Carnaval de la 44 2023. Foto: Laura Rocco

Tras sus amoríos, la convivencia juntos, cuatro hijos y cinco nietos de por medio, todo se dio para que el arte que José cargaba se trasmitiera de generación en generación. Mientras Carasucia salía con sus muñeconas, Evelia lo comenzó a hacer con los payasos, su descendencia, que poco a poco se fue incorporando a los desfiles de Carnaval de Barranquilla S. A. S. y Carnaval de la 44, fiesta del bordillo en la que el caleño ha participado desde su creación.

Evelia se encarga de arreglar las muñeconas del payaso aquel al que muchas veces rechazó y con el que ahora tiene una familia numerosa

A punta de suero, Coca-Cola y bocadillo se salvó

Al protagonista de esta historia se lo ha querido llevar la muerte varias veces, pero ha tenido que ver partir a muchos hacedores del Carnaval y él sigue dando la batalla. Así lo relató su compañera sentimental quien, aunque nunca contrajo nupcias con él, más allá de convertirse en una esposa, se hizo su compañera, amiga, enfermera y hasta psicóloga:

“Hace cinco años a él se le bajó el azúcar y yo entraba en ese momento a la sala donde estaba hospitalizado, iba a poner la novela y me dijo: ‘Eve, ya yo cumplí’, yo le decía que estaba loco, que él cumplía en mayo y no lo volteé a mirar porque estaba intentando prender el televisor, cuando sentí que me habló con la lengua empelotada y me di la vuelta, él tenía los ojos exaltados, así que salí corriendo gritando que se me había muerto el viejo; sin embargo, a punta de suero, Coca-Cola y bocadillo se salvó. Él, como creía que iba a fallecer, lo que quería decirme era que ya había cumplido al dejar su legado en sus hijos y nietos”.

Carasucia y su nieto José Sebastián en la Gran Parada de Tradición “Carlos Franco” 2023. Foto: Laura Rocco

Evelia me indicó que, poco después de eso, ocurrieron los hechos por los cuales Carasucia perdió una pierna y tuvo que empezar a desfilar durante el Carnaval en silla de ruedas. Sobre esa experiencia dolorosa, relató:

“Después de una Batalla de Flores le salió una ampolla de sangre en el pie, pero él me lo ocultó, dicha vejiga de sangre se gangrenó, cuando estábamos en el desfile de la Conquista del Carnaval de la 44 le dio tembladera y yo lo mandé en un taxi para la casa; al día siguiente salió a la calle y me lo regresaron en un carro casi sin conocimiento, allí me di cuenta de lo que tenía, lo llevé a una clínica, tenía gangrena y le tuvieron que amputar un dedo”.

Primera amputación a la que fue sometido Carasucia. Foto: Cortesía familia de José Herrera. Autor: Carlos Capella

Entre su desorden alimenticio y sus ganas de trabajar vendiendo libros para tener dinero en el bolsillo, su situación fue empeorando, llevando así a que le amputaran otro dedo y después, lamentablemente, le terminaran amputando su pierna, mas eso no iba a impedir que el Payaso Triste, como un día le llamó el periodista Édgar García Ochoa, Flash, siguiera en el Carnaval.

En 2022 Carasucia recibió por parte del Distrito de Barranquilla el premio “Vida y Obra” y un estímulo económico. Fuente: Secretaría de Cultura de Barranquilla

“Yo dije: ‘Para estar mocho y enjaulado mejor me muero’. Bastante compañero que he visto enterrar y yo aquí firme, ya tengo, desde el 70 hasta ahora. A la Vía 40 fui hasta el año pasado y al Carnaval de la 44, dirigido por mi amigo sincero Édgar Blanco, siempre he ido”, manifestó.

Ahondando en sus reflexiones sobre la muerte y con una entrega total a la fiesta patrimonial, Carasucia reveló cómo desearía partir de este mundo: “Me gustaría morir después de un Carnaval”, a lo que, de inmediato, Evelia, entre el chiste y el susto, respondió: “Pero que sea después del Carnaval, porque si se muere antes lo congelo para que salga con todos sus payasitos por última vez“.

Carasucia, su hija Rosemarys “Terremoto” y su nieto Neytan preservando el legado en la Gran Parada de Tradición “Carlos Franco” 2023. Foto: Laura Rocco

Luego de mirarme fijamente a los ojos, Carasucia bajó la mirada, inhaló, exhaló y pronunció las frases más dolorosas de su vida: “Mi papá fue un payaso que a mi madre embarazó, al momento del parto mi mamá murió, una tía materna me crio, perdí una pierna y aquí estoy, dejando un legado a una nueva generación”.

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Este año Carasucia participará nuevamente en los desfiles del Carnaval de la 44 acompañado por sus hijos y nietos, y sus muñeconas saldrán tanto en la 44 como en la vía 40 con Carnaval de Barraquilla S. A. S.

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