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¿Cómo criar niños en un mundo tan sexualizado?: El Blog de La Queen

¿Cómo  hablar de sexo con nuestros hijos cuando creen que ya lo saben o lo han visto todo? 

En diciembre, mi hija de seis años me preguntó: “¿Mamá, cómo hace Papá Noel para llevar regalos a todos los niños? Cuando le iba a responder, me dijo: “Por favor, ¿se lo preguntas a Google?”. 

La crianza de los niños se ha vuelto mucho más compleja debido a la evolución tecnológica existente, exponiéndolos a diferentes tipos de información que, en muchos casos, Google nos ayuda a responder  de manera correcta, pero en otras, no tanto. 

Hoy en día, los niños no tragan entero. En mi infancia, la información que daban mis padres era la palabra de Dios. Ahora, los niños buscan sus propias fuentes para sostener una verdad. Lo malo es, que todo lo que crean, exponen su inocencia y lo que uno considera “sano”, termina llevándolos a espacios oscuros e inseguros y lo más preocupante, es que todo esto sucede en la seguridad del hogar.

La primera vez que fui consciente qué tan sexualizados estamos, fue hace unos diez años, cuando  mi hijo apenas tenía tres años. Estábamos en un restaurante de ambiente familiar con juegos habilitados para niños. A eso de las 9:00 de la noche, en los televisores empezaron a correr imágenes de modelos muy ligeras de ropa. Él, estimulado por lo que veía, nos manifestó cuál modelo le gustaba y cuál no. Me aterré al ver su fijación hacia ese contenido, siendo tan pequeño. A continuación, mi esposo me lanza un comentario muy propio de nuestra cultura: “Mi amor, le gustan las mujeres”. Yo, en cambio quedé un poco preocupada y me di cuenta que la música, los videos, los programas y todo, absolutamente todo, está relacionado de una u otra forma con el sexo. 

Como este caso, pasaron otras situaciones que me alertaron un poco. No entendía cómo manejar el tema sexual con un niño tan pequeño. No sabía si algo estaba mal en él y como buena madre primeriza y en mi angustia, decidí llevarlo a psicología. Busqué a una, excelente por cierto.

Ella, para darme un poco de tranquilidad me recomendó hacerle un examen de niveles de testosterona para saber si había algún problema orgánico que pudiera estar influyendo en su cuerpo y que lo llevara a reaccionar así, ante cosas tan simples como un beso. Los resultados estuvieron dentro los parámetros normales. Aprovechando su asesoría profesional, no sólo me ayudó a entender cómo funciona la sexualidad en los niños, sino a moldear su carácter fuerte, producto de ser hijo de padres separados. 

El tema es, que nuestros hijos van creciendo con la  concepción de que el sexo es de fácil acceso y sin ningún tipo de respeto hacia su cuerpo o de las otras personas. A esto se suma que, aunque tengamos miles de estudios que explican el porqué no debemos darle tecnología a los niños a tan temprana edad, la realidad es otra, por la crianza compartida y porque siempre habrá diferencia de conceptos entre los padres y cátedras interminables del porqué sí o porqué no usar estos dispositivos.

Por ejemplo, en mi casa conté  con la “mala suerte” de tener un esposo que cree que en esta era los niños deberían también ser digitales, es decir, él permite que usen tableta, computador o celular desde muy temprano, siendo esta una eterna discusión, pero el tema se vuelve mas complejo cuando el papá de mi hijo también es permisivo y le ha comprado toda la tecnología que mi hijo ha querido. 

La crianza 

Continuando, mi punto es que ahora las redes sociales, juegos en línea, videos musicales y programas para niños vienen con mayor contenido sexual, e incluso, explícito, haciendo que nuestra labor sea más complicada. Si por mí fuera, los metería en una cápsula para alejarlos de tanta exposición, ojalá existiera un lugar como The Truman Show, sin los efectos adversos. 

Con esto no quiero que me tomen por mojigata o mente cerrada, es más, me  considero una persona de mente abierta. Quienes me conocen lo saben bien, soy muy relajada y adaptable con el tema de la sexualidad, pero no es fácil explicarle a los niños que no todo lo que ven y escuchan es real. 

Antes, nuestros padres lidiaban con responder preguntas simples sobre si los super héroes existían, o si podíamos volar. Los temas de sexualidad iniciaban en el desarrollo o la pubertad, pero ahora, a los niños entre tres y cinco años toca explicarles que hay mujeres que les gustan las mujeres o viceversa, y que ahora existe algo que se llama “poliamor”, o que ya no solo hay él y ella, sino también, elle, y que también hay quienes no se sienten personas, sino gatos, cerdos, caballos o perros; como el caso de una chica en Estados Unidos que dice llamarse “Meow”, como si fuera gato, pero se siente un perro. Creo que fue más fácil para nuestros antepasados explicarnos la teoría de la evolución del mono a hombre, o ¿será que ahora con tanta tendencia y evolución nos volvimos demasiado creativos?

El punto es que mi hijo, ahora, es más grande; hemos tenido muchas conversaciones sobre el sexo, su cuerpo y cómo debería manejarlo de manera sana, desde mi punto de vista. Siempre nuestra introducción a la charla es: ¿Cómo  hablar de sexo con ustedes cuando creen que ya lo saben o lo han visto todo? 

Me ha funcionado la confianza construida en él, he permitido que me pregunte todo, hasta lo que como  mamá me da pena responder, trato de hablarle con naturalidad para que se sienta cómodo y despeje todas sus dudas conmigo, antes que vaya a Google, TikTok o a sus amigos y pueda encontrar diferentes respuestas. Pero, las mamás que son más reservadas, que se escandalizan o no encuentran un puente de comunicación, ¿cómo harán? 

Lo duro, es que ahora me toca volver a empezar porque una de mis nenas llegó a la edad en donde inicia la curiosidad (doy gracias al cielo que fue más tarde que con mi primer hijo). Ella se esconde o aparece de sorpresa para ver las películas o series a las que digo que son para mamá y papá. Sonríe cuando ve besos en el televisor y ya es consiente de la frase: verse sexi. 

Sólo espero que con ella pueda  construir la misma confianza y utilizar el mismo modelo que funcionó con mi primer hijo, que básicamente es ser natural. En 3 años o antes, comenzará a preguntar mi nena más pequeña, no quiero imaginar qué más viene. En la medida que todo siga evolucionado, de forma tan invasiva, siento que quedaré sin argumentos para una crianza sana, basada en el respeto hacia ellos para luego respetar a los demás. Es lo que me corresponde como mamá.  

Cuando cumplan la mayoría de edad y tengan madurez mental, que ahora es casi a los 30 años, y terminen por decidir lo que quieran ser, lo que decidan, así lo aceptaré y los amaré por encima de mis creencias. Lo único que le pido a Dios es que no sean de los que tienen problemas de identidad y se crean algún animal, eso sí que me costaría un poco asimilar.

Por: Catarsis, El Blog de La Queen.

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