“No puedo tener todas las variables bajo mi control, pero sí puedo decidir que en mi corazón no habrá cabida para el temor”.
Por: Mauricio Molinares
El año apenas comienza y ya ha pasado de todo. No llevamos ni un par de semanas y el mundo ya está convulso. Tensiones que inquietan, decisiones que generan incertidumbre, un ambiente político y global que no promete calma. Tal vez lo más honesto que podemos decir es esto: empezamos el año con más incertidumbres que certezas.
Vivimos buscando estabilidad. Planeamos para sentir control. Nos tranquiliza creer que todo estará bajo orden. Pero la historia —y la vida misma— nos recuerdan una verdad incómoda: casi nunca comenzamos desde la calma. Muchas veces, el punto de partida es la incertidumbre. Y aun así, la fe nunca se ha intimidado por los escenarios difíciles.
La fe bíblica no nació en escenarios cómodos ni en tiempos previsibles. Nació en mares agitados, en desiertos interminables, en exilios forzados, en hornos encendidos, y en cruces levantadas en medio de la injusticia.
Definitivamente, la fe no fue diseñada para tiempos estables, sino para tiempos inciertos. Y no para producir miedo, sino esperanza.
Por eso la Escritura no se sorprende cuando el mundo tiembla. El Salmo 46 lo proclama con una fuerza serena:
“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza. Selah”. (Salmos 46:1–3, RVR1960).
No puedo tener todas las variables bajo mi control, pero sí puedo decidir que en mi corazón no habrá cabida para el temor, porque he hecho de Dios mi amparo y fortaleza. Y cuando el corazón está firme, también lo están las reacciones, los pensamientos, las palabras y las acciones.
Porque mientras ardían los hornos, Dios estaba caminando con ellos en el fuego. Mientras se extendían los desiertos, Dios estaba formando carácter, dependencia y propósito. Y mientras se levantaban las cruces, Dios estaba obrando redención, vida nueva y esperanza para todos.




