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A un año de la partida de Alfredo de la Espriella Zabaraín, el Bandolero Mayor

De la Espriella creó un espacio que visionó como el archivo histórico de Barranquilla: el Museo Romántico.

Por: Madeley Castaño Madariaga

Hoy se cumple un año de la partida de Alfredo de la Espriella Zabaraín, el Bandolero Mayor, quien le dio a Barranquilla más de lo que cualquiera hubiese esperado o estado dispuesto a entregar. Alfredo no solo amó a esta ciudad: la pensó, la defendió y la resguardó para el futuro.

Creó un espacio que visionó como el archivo histórico de Barranquilla: el Museo Romántico. Un lugar que, aunque hoy no siempre parezca el mismo, mantiene intacta su esencia: el amor por el arte, la cultura, el Carnaval y, sobre todo, por Barranquilla. No en vano ostenta el título de “El más barranquillero de todos”.

Creo que Alfredo se fue de este mundo sin saber cuán viva quedó la semilla que sembró en nosotros, los Vigías. Y no hablo solo de quienes llevamos un chaleco puesto, sino de todas las personas que, desde distintos lugares, guardan en su corazón el recuerdo de alguien que se encargó de dejarnos los rastros de una historia que aún no termina de contarse.

Durante muchos años, el Museo Romántico ha sido el lugar donde investigadores, estudiantes, creadores y artistas han encontrado lo que en otras partes no existe: registros de la historia de una Barranquilla renaciente. Por eso mi fe sigue intacta, aunque a veces flaquee. Mantener vivo el legado de Alfredo de la Espriella es un reto inmenso.

Nadie en esta ciudad puede llenar sus zapatos; sin embargo, lo que sí podemos hacer es mantenerlo vivo en nuestra memoria histórica, en cada rincón del espacio que soñó para Barranquilla y para el mundo. Aunque aún no contamos con políticas públicas sólidas que protejan y sostengan espacios como los museos, la perseverancia no es solo de los Vigías de Barranquilla —a quienes a veces se les dice que “intentan revivir” algo, como si la memoria pudiera morir—.

La palabra, el recuerdo, la nostalgia y el registro siguen vivos. El Museo Romántico, así como muchos museos del país, lo demuestran. Y esto va más allá de los espacios museales: en esta lucha también están las salas de teatro, las bibliotecas y los espacios culturales en general. El clamor es el mismo. La lucha es la misma. Agota, sí. Pero alguien tiene que hacerlo. Porque ¿qué sería de nuestra humanidad sin arte?

El arte es lo que mantiene vivas nuestras almas, lo que nos aleja del exterminio espiritual, lo que crea esperanza. Y aunque se nos llame “locos” de manera despectiva, es esa locura la que nos da una felicidad que muchos persiguen y pocos logran encontrar: la que nace del quehacer de nuestras tradiciones, herencias e impulsos de un alma que clama, vive, llora y ríe.

Hoy recordamos a quien fue acusado de no haber sido “buen administrador” porque nunca regaló sus ideales ni su convicción. A quien asumió su rol con amor, respeto, responsabilidad, pulcritud y honestidad. A quien creyó en un civismo que hoy intentamos volver viral. Hoy ostentamos un título que honra la libertad de expresión, la sátira y el derecho a ser quien se es, sin temor al prejuicio.

Desde el Museo Romántico, Vigías por el Legado de Barranquilla y Asodismac, rendimos
homenaje a la memoria del más barranquillero de todos con la presentación del disfraz el Bandolero Mayor, en el marco del Carnaval 2026.

Hoy recordamos en una misa al maestro que vio a Barranquilla incluso antes de que ella misma se reconociera. Y seguiremos levantando la voz y llevando su legado hasta que cada generación sepa que Alfredo de la Espriella Zabarain es el ejemplo de lo que significa ser un barranquillero de raca mandaca.

Por ti, maestro, a un año de tu partida, seguimos aquí, al pie del cañón. Y en este 2026, año
en el que se cumplen los 100 años de tu natalicio, nos declaramos oficialmente Alfredistas. Porque aquí continua, junto a tu hija Clarita, tu esposa Gloria, tus nietas y nosotros, tus Vigías, tu Legado.

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