Luego de intensas horas, unidades de la Fuerza Aérea lograron ingresar a la zona y pudieron constatar lo que muchos imaginaban: los cinco ocupantes de la aeronave murieron.
En las escarpadas laderas del cerro Tatamá, entre Chocó y Risaralda, la esperanza se apagó este miércoles, 16 de septiembre. Tras días de intensa búsqueda en una de las zonas más inhóspitas del país, las autoridades confirmaron el hallazgo de los restos de la avioneta Cessna T206 de matrícula HK-4985, que desapareció el domingo 13 de septiembre cuando regresaba de una misión médica en Condoto.
A bordo viajaban el piloto Mehmet Cankaya y cuatro profesionales de la salud: Perla Costanza Álvarez, Sandy García, María Victoria Guzmán y Yuliza Figueredo. Ellas habían dedicado los días previos a atender cerca de 600 personas afectadas por el terremoto del 10 de agosto en esa región olvidada del Pacífico colombiano. Su regreso a Bogotá, con destino al aeropuerto Guaymaral, se convirtió en tragedia cuando se perdió el contacto a las 9:23 de la mañana del domingo cerca del Parque Nacional Natural Tatamá.

La Fuerza Aérea Colombiana insertó equipos de rescate a más de 9.000 pies de altura, en un terreno de pendientes casi verticales donde los helicópteros no podían aterrizar. Los rescatistas, bajados con grúa, encontraron primero partes dispersas de la aeronave, que se había fragmentado al impactar. En una segunda incursión, la confirmación fue contundente: no hubo sobrevivientes.
El presidente Abelardo de la Espriella fue quien dio la noticia al país con palabras cargadas de pesar. “Con profundo pesar y tristeza confirmo al país el hallazgo del avión Cessna T206, de matrícula HK-4985, que se accidentó mientras cubría la ruta entre Condoto, Chocó, y Guaymaral, en Bogotá. Lamentablemente, las autoridades confirmaron que todos sus ocupantes fueron hallados sin vida”, escribió en su cuenta de X, enviando un abrazo solidario a las familias de las víctimas.
La avioneta, operada por la Patrulla Aérea Civil Colombiana en apoyo a Colmédica y la Clínica del Country, había partido del aeropuerto Mandinga de Condoto. Testigos locales recordaban haberla visto volar a baja altura. El clima adverso y la geografía hostil de la Cordillera Occidental retrasaron el acceso durante horas que se sintieron eternas para quienes esperaban un milagro.
Ahora, mientras se recuperan los cuerpos en esa montaña fría y empinada, el país se une en el duelo. Estas mujeres y el piloto no solo transportaban equipos médicos: llevaban esperanza a comunidades golpeadas. Su muerte deja un vacío profundo y un recordatorio de los riesgos que enfrentan quienes se entregan al servicio de los más vulnerables en las regiones más apartadas de Colombia.




