Esta mujer también tuvo un espacio para hablar de Dagoberto Ensuncho Sánchez, su exmarido, quien la atacó y, según dijo, sigue libre y sin castigo alguno.
Por: Iván Peña Ropaín.
Una nueva oportunidad de seguir viviendo, tras renunciar a realizarse la eutanasia, tal como lo hizo en 2017, se volvió a dar María Consuelo Córdoba, la mujer chocoana atacada con ácido en su rostro en 2000 por parte de quien era su esposo y cuya noticia fue tendencia nacional.
María, quien cuando fue víctima de la agresión tenía 32 años y hoy tiene 58, había vuelto a mojar pantalla al salir hablando públicamente y solicitando tal muerte asistida, debido a que su vida seguía con complicaciones de salud, su situación económica era cada vez más precaria y porque jamás se cumplieron las promesas de ayuda que en su momento le manifestaron muchos.
Pues bien, este fin de semana se informó que no apelará al procedimiento con el que se busca una muerte digna, siendo el portavoz de la noticia el abogado Juan José Castro, conductor del espacio digital ‘Vamos Pa’ Eso’, quien señaló que se le ha logrado convencer gracias a la campaña que se ha adelantado para apoyar la mejora de sus condiciones de vida.
Pero la razón principal de María para abstenerse tuvo que ver con la posibilidad de realizarle dos procedimientos reconstructivos, enfocados en zonas de su rostro y boca que todavía requieren atención especializada.
Una vez recibió la formidable noticia, María Consuelo expresó públicamente su felicidad y dejó clara su nueva determinación: quiere someterse a las intervenciones y seguir buscando alternativas para mejorar su calidad de vida.
Recordemos que ella fue una víctima de la violencia de género, propiciada por los celos y la rabia, una vez se marchó de su tierra natal, Istmina, en el departamento del Chocó, hacia Bogotá en búsqueda de mejores oportunidades, lo que no le cuadraba a su exesposo, identificado como Dagoberto Ensuncho Sánchez, con quien convivió por 18 años.
Y ello llevó a que un día del año 2000, Dagoberto la fuera a buscar hasta la casa en la que laboraba como trabajadora doméstica y que era donde residía de forma momentánea. Al tocar la puerta y abrirle María, le arrojó el líquido y se dio a la fuga.
Cuenta la afectada que nunca se le capturó y es la hora y sigue libre, no conociendo ella jamás sobre alguna determinación judicial en su contra, pese a las denuncias que posteriormente se instauraron.




