Gritos, corridas y tensión encendieron la alarma dentro y fuera del penal. Los grupos de reacción inmediata del Inpec tuvieron que intervenir de inmediato para frenar el levantamiento de los privados de la libertad.
La mañana de este martes 2 de septiembre, el aire a las afueras de la Penitenciaría El Bosque se volvió denso. Hacia las 8:00 a. m., los estruendos, gritos y corridas en los patios confirmaron lo que las familias en la entrada temían: un violento amotinamiento desató la alerta máxima en el penal y obligó al despliegue de las unidades de reacción inmediata del Inpec.
La alteración del orden provocó la intervención del Grupo de Reacción e Intervención Inmediata (GRIN) del Inpec, que ingresó al pabellón para retomar el control tras registrarse una fuerte trifulca entre los internos.
A las afueras, entre la angustia y la falta de respuestas oficiales inmediatas, las esposas y madres de los reclusos denunciaron que el trasfondo de la protesta también responde a un acelerado deterioro de las condiciones humanas dentro de la cárcel:
“Hubo una trifulca allá adentro en el patio. Dicen que entró el GRIN. Ellos están protestando porque no tienen alimentos ni útiles de aseo, no les dejan ingresar nada. La comida aquí es mala. El domingo vinimos a visita y ni para nosotros dejan ingresar un hielo o una botellita de agua”, relató entre sollozos una de las mujeres a las afueras del recinto.
Sin embargo, el levantamiento de este martes no ocurre en un vacío. Se produce exactamente una semana después de que las autoridades asestaran un duro golpe a la operatividad delictiva que se gestaba dentro del penal.
El pasado 25 de agosto, cerca de 20 reclusos, identificados como presuntos integrantes y dinamizadores de las bandas los Pepes y los Costeños, fueron trasladados intempestivamente hacia cárceles de máxima seguridad del país (La Picota en Bogotá, Cómbita en Boyacá y Girón en Santander).
Según las investigaciones, estos presuntos cabecillas continuaban extorsionando, ordenando atentados y coordinando crímenes en las calles del área metropolitana de Barranquilla desde sus celdas. Su intempestiva remoción reconfiguró el mapa de poder interno y desató un ambiente de alta volatilidad en los patios.
Mientras el equipo táctico del Inpec busca consolidar el control interno en la Penitenciaría El Bosque, la jornada de hoy deja al descubierto una doble encrucijada: por un lado, la determinación del Estado por desarticular los tentáculos de la extorsión en las cárceles; por el otro, la latente crisis de abastecimiento y la exigencia de trato digno que reclaman los familiares en la puerta del reclusorio.
Informe: Alexander Ojito – El Ojo de la Calle
Redacción: Luis Ángel Terán




