El señalado cabecilla criminal fue uno de los capturados en julio de 2024 en Cisneros, Antioquia, cuando se movilizaba junto a Calarcá en una caravana de la UNP.
En la madrugada de ayer jueves, 27 de agosto, la selva del Guaviare volvió a ser escenario de un golpe militar que sacudió las estructuras de las disidencias de las FARC. Juan Antonio Agudelo Salazar, mejor conocido como alias Urías Perdomo o Cotiz, habría sido uno de los 11 abatidos durante la Operación Amón, un bombardeo de precisión ejecutado por las Fuerzas Militares en zona rural de El Retorno.
Urías Perdomo era la mano derecha de alias Calarcá y jefe de la estructura Rodrigo Cadete, uno de los hombres más buscados del sur del país, por quien las autoridades ofrecían hasta 400 millones de pesos de recompensa.
El operativo, el segundo de gran envergadura bajo el Gobierno del presidente Abelardo de la Espriella, combinó el ataque aéreo con el ingreso posterior de comandos especiales a los campamentos del Bloque Jorge Suárez Briceño. El balance preliminar habló primero de ocho muertos; horas después la cifra ascendió a once integrantes de las disidencias neutralizados y dos capturados. También se incautaron fusiles, ametralladoras y abundante material de intendencia. El presidente confirmó el resultado a través de su cuenta de X y anunció que las acciones continúan.
Urías Perdomo no era un combatiente cualquiera. Llevaba cerca de quince años en las armas y había escalado hasta convertirse en el principal ejecutor de las órdenes militares de Calarcá en Caquetá y zonas aledañas. Según autoridades locales, controlaba las extorsiones masivas a comerciantes, ganaderos y campesinos, y se le atribuye la orden de colocar bombas contra la residencia de la familia del gobernador de ese departamento. También aparece vinculado al secuestro y asesinato de una líder social que se encontraba en estado de embarazo.
Su trayectoria criminal estuvo marcada por una cercanía casi total con el máximo jefe del Estado Mayor de Bloques y Frentes (EMFB). Esa relación quedó en evidencia en julio de 2024, cuando fue detenido en Antioquia mientras se movilizaba en una caravana de vehículos de la Unidad Nacional de Protección junto a varios hombres de confianza de Calarcá. En ese momento el gobierno anterior lo designó gestor de paz, lo que suspendió sus órdenes de captura y generó un intenso debate político.
La muerte del cabecilla cerraría, al menos por ahora, un capítulo de impunidad que generaba resentimiento en las regiones del sur. Para muchos habitantes de Caquetá y Guaviare, Urías Perdomo personificaba el poder que las disidencias ejercían a través del miedo, las cuotas y la violencia selectiva. Su caída, de confirmarse, llega en un momento en que el nuevo Ejecutivo busca consolidar una ofensiva militar más agresiva contra los grupos residuales que se resisten a dejar las armas.




