Es un “pan de cada día” ver en redes sociales videos de situaciones de inseguridad, problemática que tiene a los barranquilleros de bien cansados y furiosos.
Por: Iván Peña Ropaín.
De morir linchado por una hastiada comunidad que ya está cansada de la imparable inseguridad que se respira, se salvó la mañana de este martes un presunto delincuente en el barrio Galán, en el suroriente de Barranquilla.
El señalado de ser un atracador fue interceptado por varios ciudadanos cuando iba como parrillero en la moto en la que se movilizaba con su presunto cómplice, y en la que emprendieron la huida tras cometer un atraco contra uno de los vecinos de ese sector de la ciudad, de acuerdo con los relatos de testigos.
Se conoció que, al momento de la persecución desatada por parte de la airada comunidad, los dos supuestos hampones terminaron cayendo con todo y motocicleta al asfalto, pero quien manejaba pudo huir corriendo, principalmente, al tener mayor agilidad al ser flaco, mientras que quien habría ejecutado el asalto no corrió con la misma suerte, ya que su gordura lo hizo pesado para volarse rápidamente del lugar, como lo hizo su camarada.
Y eso ayudó para que las personas lo detuvieran a unas cuadras más adelante, procediendo a darle las respectivas “muestras de cariño”, las que no son más que trompadas y patas, acciones de descarga de rabia contra la aparente “rata”, a las que se sumaron más personas.
Mientras, otros ciudadanos optaron mejor por dañarles el vehículo de dos ruedas en el que intentaban fugarse, primero, partiéndole varios de los accesorios del mismo, y segundo, prendiéndole fuego, dándose una quema total.
Volviendo al supuesto ratero, al que la comunidad “le estaba dando como pera de boxeo”, este se estaba viendo “más del otro lado que de este”, pero “volviendo a vivir” cuando uniformados de la Policía Nacional arribaron al sitio de la beligerancia.
Al momento de la requisa, viéndose todo bobo por la golpiza que recibió, al sujeto no le hallaron identificación, siendo posteriormente conducido a la estación policial para adelantar las respectivas diligencias judiciales, requiriendo al tiempo los uniformados la presencia del señor que había sido víctima del hurto para que instaurara la correspondiente denuncia.




