La política solo tiene sentido cuando se ejerce con valentía. “Señalar los problemas nunca será suficiente si no somos capaces de ayudar a construir las soluciones”.
Por: Isabella Pulgar
Hace poco terminé una de las etapas más importantes de mi vida pública: mi paso por la Asamblea del Atlántico. Fueron años intensos. Años de debates, denuncias, recorridos por los municipios y conversaciones con miles de personas que coincidían en una misma sensación: el departamento empezó a dejar de mirar a su gente.
Y esa es, quizá, la mayor conclusión que me deja esta experiencia.
Durante mucho tiempo nos hicieron creer que gobernar era anunciar proyectos, hacer promesas y repetir discursos optimistas. Pero la realidad terminó imponiéndose. Hoy el Atlántico enfrenta una profunda crisis de liderazgo, una evidente ausencia de visión y un gobierno que nunca logró responder a las necesidades más urgentes de la gente.
Porque gobernar consiste en transformar realidades, y eso nunca pasó durante el mandato de Eduardo Verano. Gobernar es entender que detrás de cada cifra hay una familia, un comerciante, una mujer, un joven o un campesino esperando respuestas. Y cuando esa capacidad de comprender a las personas se pierde, también se pierde el sentido social del gobierno.
Ese fue, para mí, el gran vacío de esta administración.
Desde la Asamblea ejercí un control político firme porque entendí que mi responsabilidad no era guardar silencio. Denuncié los retrasos e incumplimientos de la Gran Vía, advertí sobre las graves irregularidades alrededor de Edubar, insistí en debatir el deterioro de la seguridad, alzamos la voz frente al aumento de la extorsión y la violencia contra las mujeres, y señalé una y otra vez obras inconclusas y promesas incumplidas que todavía hoy siguen en veremos.
No siempre fue cómodo. Tampoco era el camino más fácil.
Pero definitivamente la política solo tiene sentido cuando se ejerce con valentía. Y también entendí algo más importante: señalar los problemas nunca será suficiente si no somos capaces de ayudar a construir las soluciones.
Y cuando uno recorre el Atlántico descubre algo esperanzador. Hay una generación de jóvenes con ideas, con carácter, con ganas de participar, pero que durante años ha encontrado muy pocos espacios para formarse, debatir y prepararse para asumir el liderazgo de sus comunidades.
Por eso decidí dar un paso que para mí tiene un enorme significado. En los próximos días realizaremos en Sabanalarga la primera edición de la Escuela de Liderazgo Ciudadanos Valientes, un espacio pensado para formar ciudadanos con criterio, liderazgo, sentido social y compromiso con el servicio público. Porque estoy convencida de que la renovación que necesita el Atlántico comenzará el día en que más personas decidan prepararse para servir.
Necesitamos una visión fresca. Necesitamos nuevos liderazgos. Necesitamos dirigentes que entiendan que la política no es un privilegio, sino una responsabilidad con la gente.
Mi paso por la Asamblea termina, pero mi compromiso con el Atlántico apenas comienza.
Esta columna también marca el inicio de una nueva etapa. A partir de hoy seguiré compartiendo este espacio para reflexionar, proponer y, sobre todo, defender las causas que considero justas para nuestro departamento. Mantengan sintonía, que yo seguiré escribiendo con valentía.




