Con 60 años de experiencia es la imagen viva de un oficio que poco a poco se desvanece.
“Pa, pa, pa, pa, pá” cuando la gente escucha el sonido del palo golpeando la caja de madera ya sabe que por la calle va pasando Palermo. Se dice que es el último “mondoguero en burro” de la ciudad, aunque cabe aclarar que no nació en Barranquilla.
Benito Palermo tiene 74 años, él es natural de El Paso, Cesar, pero desde hace décadas empezó a vender mondongo en burro, primero en Soledad y ahora en la capital del Atlántico.
“Tengo en esto 60 años, empecé a vender desde las calles de Soledad en el sector de la Zona Negra, donde estaba el matadero viejo”, contó montado en el animal que lo acompaña todos los días a buscar el sustento.
Ahora vive en el barrio Las Américas y desde allí emprende el recorrido a burro, transitando desde temprano, además de su barrio, por las calles de Carrizal, Santo Domingo, El Bosque y La Sierrita, hasta las 11 del día, cuando termina su labor.
“La gente me conoce porque yo nunca grité ‘llevo panza, llevo bofe, llevo corazón’, yo nunca me dediqué a eso, toda la vida, como el propio mondonguero, el auténtico de aquí de Barranquilla que hace esto“, dijo mientras realizaba la demostración del sonido con el que avisa que su burro Julio Mario, el mondongo y él van pasando.

Una tradición familiar que puede terminar con Palermo
A Palermo le quedan vivas 3 hermanas, de 7 hermanos que tenía en total, pues 4 de ellos, los varones, ya fallecieron. Con los hombres de la casa la herencia también había continuado, dado que ellos vendían “mondongo en burro”, pero ahora solo queda él. Por otra parte, los hijos de Benito Palermo decidieron dedicarse a actividades distintas.
“Tengo 18 hijos, usted sabe que este es un negocio donde se codea uno con cantidades de mujeres y tan bellas que son las mujeres de Barranquilla, pero fíjese para que vea usted, con tantos que tuve ahora vivo solo y yo ya no tengo edad para pelaita porque ya estoy viejo “, contó el hombre mientras sonreía pícaramente.

Julio Mario, el burro
El acompañante de Benito se llama Julio Mario, un burro que lo ha acompañado durante 6 años. Sobre él, el vendedor ejerce diariamente el oficio que para muchos barranquilleros y soledeños trae recuerdos de buenos tiempos.
“He tenido por ahí como 50 burros, porque un burro para que trabaje tiene que estar bien sostenido, cuando ya no puede con la carga que le pongo, conmigo y las dos cajas llenas de pura víscera, entonces yo los regalo”, contó.
Palermo ejerce en compañía de Julio Mario una tradición que para él es sinónimo de orgullo, además, el hombre considera que el burro no es simplemente un “medio de transporte”, sino su amigo y su compañero de trabajo.
A este pasero (nacido en El Paso), seis décadas después le sigue siendo “rentable” el negocio, pues aseguró que vende de todo lo que lleva: “Sale la gente ‘Señor Palermo deme una libra de corazón, una libra de panza, de bofe, una pata… Todo lo compran, compran chinchurria, la ubre, pajarilla, de todo“, finalizó el mondonguero.
Informe: Alexander Ojito -El Ojo de la Calle- y Laura Rocco





